Cuando acabamos el de la India preparamos el siguiente y pensábamos ir a Japón, lugar que he visitado dos veces, pero Marisa ninguna. Mi madre estaba bien dentro de los achaques debidos a su edad, 90 años, pero nos pareció que podría ser demasiado tiempo, un mes, y demasiado lejos si le sucedía algo. Así que cambiamos un mes en Japón por 15 días entre Estambul y Tiflis.
Estas pasadas navidades mi madre enfermó y hace un mes falleció.
Esta crónica “0” no la publiqué en algunos de mis viajes y algún amigo se me quejó de que la echaba en falta. También algún otro amigo se me había quejado por lo contrario, porque era algo superfluo dado que este tema no tenía que ver nada con el viaje y sobre todo porque al escribir con retraso sobre situaciones pretéritas habían perdido interés.
Así que este viaje que escribo con tanto retraso vuelvo a publicarla, pero con la frase que siempre utilizo: que puede ocurrir “…esa falta de sincronía entre cuando se producen los hechos y los lees, pero no cuando los escribo”.
Este ha sido un viaje donde, como en otras ocasiones, hemos recorrido partes del país que ya conocíamos, como Calcuta y Guwahati, lugares que yo había visitado pero no Marisa como Majuli y finalmente partes que eran nuevas para ambos, como Nagaland y Sundarbans.
En este vuelo, de Delhi a Madrid, como en el anterior, de Calcuta a Dehi, hemos repetido la técnica de los últimos vuelos: un asiento de pasillo y uno de ventanilla en una fila de tres, pues además de que estamos en los asientos que preferimos es más probable que si hay plazas libres estas sean las de en medio y sí vamos más cómodos. Y eso nos ha pasado en los dos vuelos.