Ucrania está en un mal sitio.

25/01/2022 by

Posiblemente tendría un lugar seguro entre las naciones del mundo si estuviese en otras coordenadas. En el Magreb, en el sur de Arabia, en medio del Brasil, en el Pacífico Sur. Pero está donde está.
Ucrania ha tenido una Historia muy cambiante, compartiéndose con todos los poderes zonales, Rusia, Polonia, Lituania y Austria. En los últimos tres siglos ha pertenecido en mayor o menor unión a la Rusia imperial o a la URSS y su mayor «independencia» fue la que consiguió con los Atamanes cosacos que fueron tributarios de los zares.
Desde su independencia de la URSS tampoco ha tenido mucha suerte. Basta leer las biografías de los presidentes de Ucrania que se distinguen, ceteris paribus, por su mayor o menor grado aparente de corrupción y su cercanía o alejamiento de Moscú. Como ejemplo, el actual Presidente es un actor cómico que creó un partido político para presentarse a las últimas elecciones y le dió el nombre de la serie de televisión en la que él tenía el papel de presidente de Ucrania (Servidor del Pueblo).
No obstante, la posibilidad de guerra no tiene que ver con la probidad de la clase política ucraniana sino con las relaciones de Estados Unidos y la Unión Europea con la Rusia postsoviética. USA y la UE a través de la OTAN han incumplido, en teoría, los acuerdos Bush-Gorbachov acerca de la incorporación a la OTAN de los paises de la órbita soviética. Teniendo en cuenta que la OTAN es un instrumento de la Guerra Fría que debería haberse templado con el paso de los últimos treinta años, que Rusia ha intentado a trompicones salir de la horrible situación de los 70 años de la URSS, que es un proveedor esencial de energía (el único input transversal en la economía) y que el enfrentamiento con «Occidente» ha inducido a Putin a buscar y encontrar nuevos aliados, la política de la UE con Rusia no está guiada por la sensatez. Tampoco en esta ocasión en la que el 30% de la población ucraniana tiene el ruso como lengua materna. Una política exterior menos ideologizada y más pegada a los intereses y a los hechos sabria que no hay que enemistarse con el repartidor de butano cuando se necesita la bombona para guisar hoy. Un vicealmirante alemán ha dimitido el sábado pasado al saberse que había afirmado que Crimea jamás volvería a ser ucraniana. Jamás es mucho decir. pero quienes han leído a Chejov creen lo mismo. También ha dicho que a Putin hay que tratarle con respeto, que es como demostrar la evidencia.

Tranquilo espero la guerra que yo quiero…

22/01/2022 by

Hace cien años algunos padres amenazaban a sus hijos: «No hagas eso, mira que te doy con el cinto».
Solía darse una respuesta burlona: «No lo hagas que se te caerán los pantalones».
En el año 2022 no se dan en las familias españolas (o se dan en pocas ocasiones) las amenazas personales, menos aun a niños, que casi no quedan (en comparación). Sin embargo, las amenazas han pasado al ámbito colectivo y son frecuentes en grupos, instituciones y países. Ahora mismo estamos viendo una que rememora las batallas padre-hijo citadas. Un joven Putin de casi 70 años le dice a un viejo Biden de casi 80, no me amenaces que se te verán las vergüenzas.
Es posible que nada sea así, pero es como lo veo. Un Putin que ha ganado varias guerras, ha invadido varios países con la intención de ayudar (a los suyos) y ha sido reelegido tantas veces como ha querido, no puede sino tomarse con tranquilidad la frase de Biden de que «sería un desastre atacar a Ucrania». Biden como presidente ha perdido la única guerra que no ha declarado, su popularidad va en declive (es más querido al parecer en España que en Estados Unidos) y posiblemente no será presidente más de cuatro años. Tiene ahora una mala posición para tomar medidas extremas en una pandemia insoluble de momento, una situación económica mundial frágil y sobre todo incierta y un campo de batalla, Ukrania, desconocido y no muy apreciado. En este mundo de Historia ocasional en el que vivimos, Putin puede decir que Kiev fue la primera capital de Rusia con el mismo ímpetu y más veracidad con que Otegui dice que Navarra es la cuna de los vascos. Sabe además que tiene mejores bazas y nadie a quien rendir cuentas.
No sé qué puede pasar mañana, pero Putin tiene todas las de ganar y posiblemente ganará o consolidará todo lo que quiera. La razón es que a EE.UU. y a la OTAN se les pueden caer los pantalones.

Grandes compras a mayor gloria.

21/01/2022 by

En su momento me entretuve en apuntar los precios que la prensa decía que Telefonica había pagado en las compras de empresas realizadas por sus sucesivos presidentes. En casi todos los casos se les dió publicidad como si fuesen sucesos de audacia y clarividencia notables encaminados a aumentar el negocio, el ámbito y el EBITDA de Telefónica. Hasta que me cansé de anotar, ahí van algunas de ellas.

Endemol 4790 M€
Altavista 163 M€
Lycos 5400 M dólares USA.
O2 26.094 M€
Vivo Brasil 7500 M€
Canal plus 707 M€
Bellsouth 4731 M€ filiales de Bellsouth Latam
GVT 4663 M€
Cesky 2746 M€
E-Plus 5000 M€

Si sumamos da un total superior a 60.000 millones de euros, de los que calculo que unos 15.000 M€ se han transmutado a valor cero y del resto no se ha obtenido la rentabilidad previsible, siendo prudentes.
Faltan ciertas «inversiones» en China Unicom y en Telecom Italia que dieron lugar a fotos exóticas.
No se incluye la burbujeante Terra que llegó a valer en Bolsa más que la propia matriz.
Algunas de las compras de Telefónica han hecho brillar la enorme destreza en la compraventa de algunos empresarios como el holandés John de Mol que vendió a Telefónica una empresa que logró recomprar pocos años después a la misma Telefónica por la mitad de su precio.
Lástima que Telefónica no tenga en nómina personas con ese perfil.

Logos y lógicas.

16/01/2022 by

Los humanos somos simbólicos. De ahí nace probablemente el apego a imágenes sencillas. En algunas empresas se hace evidente que ese apego primario va unido a la soberbia inherente a los grandes empresarios sobre todo a los no propietarios, es decir a los grandes empresarios asalariados. Hace unos meses Telefónica ha cambiado otra vez su logotipo. Supongo que quienes toman las decisiones de ese tipo de «cambios de imagen», aunque nos resulten muchas veces incomprensibles, lo hacen con la buena voluntad de acompasar la realidad de la empresa a la cambiante realidad visual en detrimento de la persistencia. Suele ocurrir que la explicación que acompaña al cambio es poco convincente y puede dar a entender que el cambio cosmético se debe a la necesidad de los directivos de dejar su huella en la empresa o de distanciarse de sus predecesores.
La historia de los cambios de logotipo de Telefónica parece indicarlo. Después de una imagen nacida en tiempo de Primo de Rivera que, acorde a su época, era un medallón con el mapa de España, con Baleares y sin Canarias, y con el nombre COMPAÑIA TELEFONICA NACIONAL DE ESPAÑA en mayúscula y con tildes, sesenta años después el primer presidente socialista Luis Solana es posible que viese lo que no sólo era un logotipo, sino que figuraba plasmado en distintos metales en registros y cajas en toda la geografía española, como un recordatorio de la carcundia franquista, qué más da si es primoriverista todos dictadores. El caso es que se produjo un cambio radical con la adopción de un símbolo no significante, una T verde hecha de bolas o pelotas encerrada en una circunferencia azul claro. Los malpensados dijeron que estaba inspirado (o copiado) del logo de la British Telecom del 81 en el que la rama superior derecha de la T tenía bolas.
Unos diez años después el siguiente presidente Cándido Velazquez, no muy solanista, añade dinamismo al logo previo inclinando la T de bolas y con mayor mezcla de colores. También hubo quien acusó al nuevo logo de estar inspirado en el cambio previo de British Telecom del 91 que también había dado color e inclinado al «pregonero» que incluía con su abreviatura BT.
El gran cambio modenno llega con Villalonga que entra en la empresa como un Airbus en una guardería y se supone que no puede asociar su Corporación a nada preexistente. La mala literatura que suele ir unida a estos cambios también se dió en este caso que en palabras de Villalonga «no es sólo un cambio de símbolo, sino un símbolo de cambio». No podía ser su empeño distinto cuando por aquella época decía que Telefónica entraría en el «selecto grupo de empresas en el mundo que alcanzan una capitalización de más de 100.000 millones de dólares». Como saben todos los artistas lo importante no es llegar sino mantenerse y hoy su empresa, en parte gracias a sus ingentes deudas vale la cuarta parte de lo que previó y la mitad de lo que llegó a valer Terra, una de sus míticas creaciones burbujeantes. En cuanto al logo lo dejó sin tilde, lo que le sirvió a Lazaro Carreter para escribir un artículo antológico en El País, costó más de 30 millones de euros, calderilla para el equipo de Villalonga y por primera vez lo sustantivo de la telefonía española se convirtió en un simple adjetivo.
En el 2010 Alierta elige una modesta y casi desapercibida variación de color preferente que del verde sobre azul previo pasa a azul sobre blanco o a blanco sobre azul subrayado por una barra del color de las letras que siguen sin tilde
Hace unos meses el actual presidente, que entró en la empresa cuando Villalonga y que quizá leyó avergonzado el artículo de Fernando Lázaro recupera la tilde, pero no se resigna a no incluir una frase geniosa. El logo según Álvarez-Pallete «refleja de dónde venimos y hacia dónde vamos». Ni la Sibila. Un artículo del pasado 23 de abril que he leído dice también que «rememora una de las señas de identidad que marcaron a la compañía antes del cambio de siglo: las cabinas telefónicas». No se si al igual que las cabinas también rememora la inexistencia o irrelevancia. Si eso es cierto hay que decir que es un logo que tiene cinco bolas en relacion al anterior logo de las cabinas que tenía diez. En resumen, menos pelotas.