
El recorrido desde Mikró Horió a Livadia ha sido realmente un paseo, pues era cuesta abajo y el día acompañaba. No será lo mismo si es cuesta arriba y en pleno verano.
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El recorrido desde Mikró Horió a Livadia ha sido realmente un paseo, pues era cuesta abajo y el día acompañaba. No será lo mismo si es cuesta arriba y en pleno verano.
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Tilos. (De la guía)
“Enclavada a medio camino entre Cos y Rodas, la pequeña y habitualmente tranquila isla de Tilos es una de las menos frecuentadas y con conexiones más impredecibles del Dodecaneso. Con abundantes aguas subterráneas y un rico suelo volcánico, los isleños podían darse el lujo de dar la espalda al mar, convirtiendo a Tilos en el granero del Dodecaneso. Hasta la década de 1970, los viajeros eran recibidos por la vista de brillantes campos de trigo mecidos por el viento. Hoy en día, las terrazas de las laderas languidecen abandonadas, y la población de quinientos habitantes se reduce a apenas cien en invierno. Si bien el desarrollo reciente ha orientado el puerto de Livádhia cada vez más hacia el turismo, Tílos se mantiene discreto…
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Regresamos desde Panormitis a Symi y en el camino paramos en un monasterio muy interesante y que no aparecía en la información del viaje. Creo que ha sido algo que le ha pedido la familia griega que iba en el microbús al conductor.
El lugar se llama “Santo Monasterio del Arcángel Miguel de Roukouniotos” según un letrero de la entrada.
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Santa Marina.
Esta santa para mi tiene un significado especial pues mi madre y su madre se llamaban así. Lo curioso es que su nombre vino por la afición de mi bisabuelo, el padre de mi abuela materna, por la ópera, pues así se titulaba una que fue muy famosa en el siglo XIX. Y menos mal que acertó con un nombre tan bonito porque se le podría haber ocurrido “Traviata”, “Aida” o “Butterfly”.
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