Los ritos.

Observando los ritos del festival del monasterio de Auniati volví a pensar en mi incapacidad para comprenderlos y por supuesto para ejecutarlos, a no ser que fuese un profesional de ellos y lo tuviese que hacer por necesidad económica.
Los ritos.

Observando los ritos del festival del monasterio de Auniati volví a pensar en mi incapacidad para comprenderlos y por supuesto para ejecutarlos, a no ser que fuese un profesional de ellos y lo tuviese que hacer por necesidad económica.
Coleridge y yo.

Parece algo presuntuoso el título, aunque lo sería más escrito al revés: “Yo y Coleridge”.
Hace tiempo leí en la reseña de un libro de Hans Magnus Enzensberger que Coleridge, siendo ya un aclamado poeta asistía a las clases de química de ese centro y como decía la crónica, más o menos, “con estupor (esta palabra me encanta, la escribiría todos los días) de los profesores químicos y de sus colegas literarios”.
Estas últimas crónicas, que titulo “finales”, son un conjunto de consideraciones y pensamientos que no incluí en mis escritos diarios por falta de espacio o por el tema que trataban.

Este ha sido un viaje donde, como en otras ocasiones, hemos recorrido partes del país que ya conocíamos, como Calcuta y Guwahati, lugares que yo había visitado pero no Marisa como Majuli y finalmente partes que eran nuevas para ambos, como Nagaland y Sundarbans.

En este vuelo, de Delhi a Madrid, como en el anterior, de Calcuta a Dehi, hemos repetido la técnica de los últimos vuelos: un asiento de pasillo y uno de ventanilla en una fila de tres, pues además de que estamos en los asientos que preferimos es más probable que si hay plazas libres estas sean las de en medio y sí vamos más cómodos. Y eso nos ha pasado en los dos vuelos.