
Nosotros llegamos con el coche hasta un aparcamiento que hay cerca del monasterio de Lavra, desde donde sale un caminito que te permite llegar hasta allí.
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Nosotros llegamos con el coche hasta un aparcamiento que hay cerca del monasterio de Lavra, desde donde sale un caminito que te permite llegar hasta allí.
(more…)Coleridge y yo.

Parece algo presuntuoso el título, aunque lo sería más escrito al revés: “Yo y Coleridge”.
Hace tiempo leí en la reseña de un libro de Hans Magnus Enzensberger que Coleridge, siendo ya un aclamado poeta asistía a las clases de química de ese centro y como decía la crónica, más o menos, “con estupor (esta palabra me encanta, la escribiría todos los días) de los profesores químicos y de sus colegas literarios”.

Y finalmente la última etapa del viaje, o más bien la penúltima pues aún tendremos que ir de Barajas a casa, pero eso ya no es “viaje”; pues ahora la última de Hong Kong a Madrid.

Desde nuestra altísima habitación se contempla todas las vías con las entradas y salidas de la cercana gran estación de ferrocarril
Hoy último día en Hangzhou y lo vamos a dedicar a pasear por el lago, hacer un pequeño “crucero” por él y a visitar una calle que recomienda la guía.
Hemos entrado en situación de “laxitud total”.
Ya no hay problemas de transporte, ni búsquedas de excursiones. Todo fácil. Y que siga así.

En una de las calles de Nanxun fabrican un dulce a la vista del público y lo hacen en varios establecimientos: colocan a un empleado que estira y estira una masa y la retuerce varias veces can gran fuerza. No sé qué consiguen al final, pero es muy curioso.