
Y finalmente la última etapa del viaje, o más bien la penúltima pues aún tendremos que ir de Barajas a casa, pero eso ya no es “viaje”; pues ahora la última de Hong Kong a Madrid.

Y finalmente la última etapa del viaje, o más bien la penúltima pues aún tendremos que ir de Barajas a casa, pero eso ya no es “viaje”; pues ahora la última de Hong Kong a Madrid.

Desde nuestra altísima habitación se contempla todas las vías con las entradas y salidas de la cercana gran estación de ferrocarril
Hoy último día en Hangzhou y lo vamos a dedicar a pasear por el lago, hacer un pequeño “crucero” por él y a visitar una calle que recomienda la guía.
Hemos entrado en situación de “laxitud total”.
Ya no hay problemas de transporte, ni búsquedas de excursiones. Todo fácil. Y que siga así.

En una de las calles de Nanxun fabrican un dulce a la vista del público y lo hacen en varios establecimientos: colocan a un empleado que estira y estira una masa y la retuerce varias veces can gran fuerza. No sé qué consiguen al final, pero es muy curioso.

Hoy el día ha acabado con una risa.
Llegamos al hotel por la noche y comprobamos que no queda papel higiénico, así que aprovechando que quiero preguntar en recepción por nuestro viaje de mañana se lo pido al recepcionista.
Empiezo preguntándole cómo ir a las plantaciones cercanas de té, donde fracasamos cuando intentamos ir en nuestra primera estancia en esta ciudad. Y el solícito joven me entrega dos bolsistas de té. “Muchas gracias pero no, lo que quiero es ir la plantación”. Así que echa mano del traductor telefónico y empieza esta interesante conversación:

Salimos del banco, felices con los yuanes duramente conseguidos, volvemos sobre nuestros pasos y damos con una plaza enorme, pero grande, grande y que quizás se considerase el centro de la ciudad.