
Y finalmente la última etapa del viaje, o más bien la penúltima pues aún tendremos que ir de Barajas a casa, pero eso ya no es “viaje”; pues ahora la última de Hong Kong a Madrid.

Y finalmente la última etapa del viaje, o más bien la penúltima pues aún tendremos que ir de Barajas a casa, pero eso ya no es “viaje”; pues ahora la última de Hong Kong a Madrid.

Llegamos al aeropuerto y pasamos el primer control de equipajes: solo maletas y bolsos grandes, nada de quitarse relojes y cinturones.
Llegamos a facturación y antes de entregar los billetes me dicen que debo pasar a un sitio por donde desaparecen las maletas en la cinta transportadora, detrás de los mostradores de facturación.
Resulta que allí vuelven a comprobar el equipaje facturado y han descubierto algo que parece un cuchillo, según me muestran en la pantalla.

Quizás porque ayer nos dimos una pequeña paliza (recuerda 22.328 pasos) sin descansar excepto unos 25 minutos para comer o porque ya no quedan incertidumbres viajeras, ni tareas turísticas, pero hemos dormido cojonudamente.
Y encima amanece el mejor día de todos: sol y una temperatura que al mediodía llegará a los 28 ºC o sea agradable sin calor, solo calorcito. Claro que a pesar de eso veremos a algún robusto y obeso occidental chorreando sudor.

A partir de ese momento nos dirigimos andando a Tianzifang, donde estuvimos una mañana el año pasado, y eso debe pensar mucha otra gente porque aquello se va animando cada vez más.

Al pasar por delante del parque Fuxing decidimos dejar el recorrido recomendado y entrar a visitarlo. Y ha sido un acierto.