66. China 2019. 2 de mayo, jueves. Trigésimo primer día de viaje. Shanghái. Día 4. Tercera parte.

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A partir de ese momento nos dirigimos andando a Tianzifang, donde estuvimos una mañana  el año pasado,  y eso debe pensar mucha otra gente porque aquello se va animando cada vez más.

 

 

 

 

Pasamos por una zona llamada “Sinam Mansions”, del que la guía dice que es (y no sé si fue) un complejo de villas de lujo de los años 20 y que hoy, renovadas, albergan cafés, restaurantes y residencias “ultra exclusivas”.

No sé qué significa eso de “ultra exclusiva”,  pero vivir en Shanghái en aquel entorno debe ser realmente un lujo.

Muchas de estas casas están recubiertas todas de piedrecitas de grava. Le digo a Marisa que si lo hubiésemos visitado antes  podríamos haberlo utilizado en nuestra casa.  Entonces me hace ver lo laborioso que debería ser recubrir una fachada de cemento colocando esa fina gravilla. Y así llegamos a la frase de “trabajo de chinos”, aunque ahora no recuerdo si esa era la frase o “trabajo de negros”.  Imagino que esta segunda estará fuera de toda corrección política, pero quizás la primera no.

Por cierto, ¿se ha eliminado el “brazo de gitano” de todas las pastelerías?

Y de repente damos con un festival que se llama “St Art”. ¿”Street Art”?

No sabemos que se celebra, pero hay actuaciones callejeras y mucho ambiente de público.

Hay un número de zancos muy divertido donde el personal toma fotografías sin desmayo.

Y no solo con los móviles, pues estos días hemos descubierto a muchos fotógrafos con buenas cámaras réflex y entre ellos a bastantes mujeres. Bien es verdad que los de equipos de gama alta siempre están en manos de 60 para arriba.

También hay un espectáculo callejero de dos que me parecen franceses que hacen un número de acrobacia con una maroma. Muy buenos.

Hay un par de restaurantes que anuncian un “afternoon tea” a un precio europeo: 338¥ por pareja. Lo curioso, además del precio, es la hora del té: de 14:30 a 17:00. Claro que como comen a partir de la 11…

Y de repente en aquel ambiente festivo descubro un restaurante con un letrero que dice “Jamones Blázquez” y con fotografías de jamón. Me acerco a verlo y casi me desmayo: en la pared interior del local un gran letrero dice: “SAN VALERO 1944 D. O.” ¡Vino de Cariñena en Shanghái! Entro  y pregunto si puedo hacer una fotografía de ese letrero. Y la joven empleada o dueña me dice “Hola” y que sí.

Total que nos invita a una cata de un par de vinos. Y estamos como media hora charlando con ella en francés, pues de español solo sabe decir “hola” “Cariñena”, “vino” y poco más.  Y lo del francés  no sé si es porque vive en la “French Concession”, pero también es una cosa rara.

Aprovecho para preguntarle el porqué del exceso  de las peticiones de comida en los restaurantes y me da una razonable explicación: en tiempos antiguos solo podían comer en grandes cantidades  los muy poderosos y así para demostrar su riqueza siempre ofrecían comidas muy copiosas. Más tarde la gente para demostrar que también estaban en buena situación económica hizo lo mismo aunque no fuesen ricos y de esta manera se ha quedado como algo cultural.

Le explique que conocíamos Cariñena y que también habíamos estado en las bodegas de San Valero.

Un rato muy agradable y con garnacha y aunque no lo probamos el jamón era de Salamanca. Y lo más curioso es que esa joven no era la dueña, ni trabajaba allí, solo era amiga de la empleada o de la dueña, quien nos “presentó” a su hija con la que intercambiamos unas palabras en francés. Una monada.

Dejamos a la joven de Cariñena y seguimos hacia Tianzifang. En el camino un buzón de correos. Hombre, tiene que haber buzones, pero es que es el primero que nos encontramos en Shanghái. Y pienso en qué harán los que quieran echar una carta, si tendrán que venir hasta aquí y de repente caigo en que irán a las oficinas de correos.

¿Pondrán también telegramas todavía?

En mi juventud era el medio que utilizaba para comunicarme con mis padres si tenía algo urgente que decirles. Lo gracioso es que el repartidor de telegramas era primo de mi padre  y cuando llamaba a la puerta de casa para entregarle uno de los míos le decía:  “Tranquilo Pepe, que es del chico y no pasa nada”. Porque es que ese medio de comunicación se empleaba casi siempre para tragedias, fallecimientos y accidentes o enfermedades graves.

También le enviaba telegramas a Marisa pero no sé si Moisés, el primo de mi padre, también le decía algo previamente.

Al llegar a Tianzifang aquello en pequeño casi se parece al Bund: accesos solo para entrar y otros solo para salir y una cantidad tal de gente que hace muy difícil deambular por aquellas callecitas tan estrechas.

Veo que los guardias de seguridad pertenecen a “Prosegur” y casi me dan ganas también de darles un abrazo como cuando me encuentro con  una tienda de Zara.

Así que dejamos aquella marabunta y regresamos a “nuestro barrio”. Y de nuevo una locura de gente. Así veo que una de las entradas del metro está bloqueada por los viajeros que intentan acceder.

En el metro controles de la policía sobre algunos jóvenes: los paran, les piden la documentación, la comprueban en un terminal y en un momento ya están con otro. Nada que ver con eso de “Central, central, ¿me escuchas? Es que aquí en Cuatro Caminos hemos detenido a un par de sospechosos y queremos saber si están fichados. Te digo su DNI…”. Aquí todo en 10 segundos.

Seguimos y llegamos al Bund y por fin encontramos a los novios  que tanto gusta de retratar Marisa.  Porque este es uno de los sitios elegidos por ellos para sus reportajes de bodas.

Ya sabes ese despilfarro de las fotos que no sé dónde acaban cuando se separan  las parejas, porque hay muchas cosas que se pueden repartir pero eso…

A mí lo que más me gusta es la ceremonia del fotógrafo de como sitúa a los novios, como hace girar la cabeza a la novia, como le dice a él que la coja o que la mire, como manda a su ayudante que coloque la cola de ella….

Y como ellos obedecen mansamente a todas sus órdenes. Y hay algún profesional que es un gritón y es más divertido todavía.

Lo que pasa es que Marisa quiere además que las novias sean guapas y hoy no ha habido demasiada suerte.

Una de ellas, la pobre, estaba colocada encima de un escabel que no se veía por el largo vestido, pero al bajar se ha quedado en su verdadero tamaño y en comparación con su pareja era muy chocante.

Con otra ha habido más suerte pues ella sí era guapa, pero no sabíamos si eran “novios” o no, que quizás eran de “segundas”, pues había dos niños con ellos  y el más pequeño solo se agarraba a su padre y ella no les hacía ni puñetero caso.

Eso sí, el niño nos ha dado una buena muestra de paciencia fotográfica del profesional  pues no había manera de que se estuviese quieto, ni de que mirase al fotógrafo cuando este se lo pedía. Muy divertido.

Y todas las novias vestidas de rojo.

Regresamos al monumento a los Héroes del Pueblo  y esta vez está  iluminado también de rojo. ¿Será ese el color de la nocturnidad en China?

Yo pensaba que este “Monument to the People’s Heroes”  era simplemente una forma geométrica  de tres pirámides truncadas sin más, pero he leído que representan tres rifles apoyados unos contra los otros en recuerdo de los que lucharon por su país, bien en las guerras o contras los desastres naturales. .

Y el Bund está casi como ayer y con control de policía para acceder a él, dejándote solo caminos de acceso o de salida.

Acabamos el día con 22.144 pasos. Y rendidos. O casi.

 

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