Buscamos un restaurante en aquel entorno y la guía recomienda uno cuya especialidad, y plato único, son los “dim sum», ya sabes, esa especie de empanadillas asiáticas. El problema es que en aquella callecita hay varios de nombres parecidos o con el letrero solo en chino, pero que casi todos son de “dim sum”. Pero damos con el recomendado que es el que tiene la cola más larga en la calle.
Pero como son muy civilizados hay asientos para la espera.
El aeropuerto internacional de Hong Kong, también conocido como aeropuerto Chek Lap Kok es según la Wikipedia uno de los dos proyectos de ingeniería más costosos de la historia, y fue llevado a cabo por Foster. Es además el aeropuerto que más carga mueve al año y es el aeropuerto principal para Cathay Pacific, nuestra compañía aérea en este viaje, como el de Doha lo es para Qatar Airways. Es el sexto por tráfico total de pasajeros (datos del 2017) y el tercero (datos de 2015) por tráfico internacional de pasajeros. O sea que muy importante.
Comienzo de un nuevo viaje y en este caso “completamente nuevo”, pues es nuevo el país, el planteamiento totalmente ciudadano del viaje y también nueva la compañía aérea. Lo único que perdura de otros viajes similares es que nos lleva nuestro hijo Luis a la T4.
Desde hace unos cuantos años los amigos y conocidos no dejan de preguntarnos si no hemos visitado China. Yo suelo contestar que una vez estuvimos al lado de la raya fronteriza en un extraño lugar de Laos, pero que no la atravesamos.
Y ahora ya no estamos hablando de una SAR, “Special Administrative Region”, como en las anteriores crónicas sobre Hong Kong y Macao, que esta ciudad ya es china, china, aunque sea también algo “special”.