Desde hace unos cuantos años los amigos y conocidos no dejan de preguntarnos si no hemos visitado China. Yo suelo contestar que una vez estuvimos al lado de la raya fronteriza en un extraño lugar de Laos, pero que no la atravesamos.
Conocimos a unos jóvenes que si lo hicieron sin el necesario visado, sobornando a los guardias el paso fronterizo, pero la experiencia no parece que fue maravillosa según nos contaron luego, excepto por el hecho de decir que “hemos estado en China”, pues lo que había en el otro lado de la frontera era un pueblo sin ningún interés. Y para eso corrieron un riesgo innecesario. Porque tú pasas al otro lado con una propina, pero ¿y a la vuelta?
Y ahora ya no estamos hablando de una SAR, “Special Administrative Region”, como en las anteriores crónicas sobre Hong Kong y Macao, que esta ciudad ya es china, china, aunque sea también algo “special”.
Como escribí en mi crónica anterior de Hong Kong, este también es una SAR, “Special Administrative Region” y lo es desde el 20 de diciembre de 1999, según un acuerdo entre Portugal y China del 13 de abril de 1987. Según ese acuerdo, a esta nueva forma territorial china se le llama “Un país, dos sistemas” (ver mi crónica anterior sobre Hong Kong) y China se compromete a que la ciudad tendrá un alto grado de autonomía durante los próximos 50 años en todos los aspectos, menos en asuntos exteriores y defensa que serán responsabilidad exclusiva de China.
En el caso de “la India” la misma RAE dice que “En español, el nombre de este país de Asia se usa preferentemente precedido de artículo” y que “Su uso sin artículo, …aunque sí minoritario y, por ello, menos recomendable”.
Empiezo con la misma nota aclaratoria habitual: