Comienzo de un nuevo viaje y en este caso “completamente nuevo”, pues es nuevo el país, el planteamiento totalmente ciudadano del viaje y también nueva la compañía aérea. Lo único que perdura de otros viajes similares es que nos lleva nuestro hijo Luis a la T4.
Quizás porque se va haciendo mayor ya no me echa la charleta de los peligros exteriores y de lo que tengo que cuidar a su madre. O es que ya se fía más de mí. O es que considera que ir a estas tres ciudades en marzo no es como ir a Laos en julio. Pues creo que ya he explicado en alguna ocasión que yo era el único cristiano al que le sermoneaban antes de viajar sus padres y sus hijos. Desgraciadamente mis padres ya no pueden hacerlo.
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