He dormido como un japonés. Y me he despertado lleno de “energía”, como hubiese pensado la señora vendedora de santos que nos pasaba a todos los españoles. La primera alegría, además de mi estado de ánimo, que eso ya es alegría, es que hoy está totalmente despejado. Después de estos últimos días no me merecía otra cosa.
Tras las abluciones matutinas me voy a desayunar. Ayer ya vi que en el comedor había unas mesitas bajas, de unos 20 centímetros y con un cojín para sentarte encima del tatami. Creo que se me gangrenará la pierna derecha si tengo que estar mucho rato así. La señora adivina mis problemas y me proporciona dos cojines más para estar a unos diez centímetros del suelo. (more…)