
Hoy comenzamos el día con el desayuno en nuestro nuevo hotel: es algo que siempre me sorprende en los hoteles indios, la cantidad de hombres, generalmente muy jóvenes que trabajan en puestos que en España están casi siempre reservados a mujeres. Aquí son solo dos de unos veintitantos años y, también como casi siempre, delgados y más oscuros que la mayoría de la población.
Estamos en Calcuta en la estación de Shalimar y es como si te hubiesen dejado en mitad de los Monegros a media noche. O casi. Porque estamos muy pocos viajeros, pero no hay taxis, solo algún autorickshaw.
