
Los proselitistas de San Expedito han resultado ser una pareja muy amable con la que he charlado más veces durante el viaje y, ¡cómo no!, de la situación económica del país.
Él trabaja para una empresa extranjera y me ha contado un truco (en secreto) para transformar su salario en dólares y así evitar impuestos y depreciaciones de la moneda.
No lo cuento, porque no me pareció muy legal, pero tenía que ver con las criptomonedas.
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Jingci es un conjunto monástico enorme y sorprende que después de tantos años de comunismo, del de verdad, estuviese hoy este gran templo repleto de fieles rezando. Bueno, había unos 20 monjes vestidos de tales y unas 400 personas (un 93% de mujeres y el resto de hombres) vestidos con túnicas grises y granates, por lo que no sabía si eran clérigos de menos categoría o seglares. He descubierto que eran esto último pues al acabar de rezar se han quitado esa especie de guardapolvo y debajo llevaban ropa normal.