La primera y agradable sorpresa es que a pesar de la diferencia horaria y del viaje de estos dos días pasados el cuerpo está respondiendo bastante bien, sobre todo teniendo en cuenta que hace 15 días casi no podía andar y hace 20 sin casi.
NB
Espero que entendáis que esta foto es una “licencia poética” y que no somos nosotros sino dos jóvenes wellingtonianas.

El aeropuerto de Auckland, del que desconozco el nombre, es sencillo y funcional.
Este aeropuerto siempre me sorprende y siempre me cabrea. Es amplio, tiene un diseño estupendo para deambular por él, puedes ir desde aquí a sitios interesantísimos, pero el lujo extremo, el despilfarro me pone de mal humor.
El primer día de viaje, o mejor el “primer medio día” de viaje, es un trayecto que se ha convertido en algo habitual: de Madrid a Doha, saliendo de la terminal T4 y con transporte hasta allí de nuestro hijo, que, también como siempre, nos lleva por caminos que no logro aprender. Además, las señales indicadoras de la T4 parece que están diseñadas por un enemigo de la navegación aérea que no quiere que nadie llegue hasta allí; o que lo haga cabreado por haberse perdido en el trayecto.