3. Nueva Zelanda 2017. 19 de septiembre, martes. Primer día de viaje. De Madrid a Doha.

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El primer día de viaje, o mejor el “primer medio día” de viaje,  es un trayecto que se ha convertido en algo habitual: de Madrid a Doha, saliendo de la terminal T4 y con transporte hasta allí de nuestro hijo, que, también como siempre, nos lleva por caminos que no logro aprender. Además, las señales indicadoras de la T4 parece que están diseñadas por un enemigo de la navegación aérea que no quiere que nadie llegue hasta allí; o que lo haga cabreado por haberse perdido en el trayecto.

En la entrada de los coches para la “Salida” un control de la policía municipal. Me temo que ahora todos quieren convertirse en héroes y cazar a los delincuentes (y de esta manera hacerse famosos), sean terroristas (las piezas más buscadas) o traficantes de drogas. Y es que era sorprendente que hubiese un “operativo” con dos coches y una furgoneta, todos fuertemente armados y muy protegidos y con las luces a todo trapo, que si eres un facineroso (excepto los de “cuello blanco” o “tarjeta negra”) ves a los lejos ese aparato lumínico y te vas echando leches.
¿A quiénes estaban parando y registrando? Pues claro, ¡a los morenos! A nosotros, además de blanquitos, nos han visto gente de bien y nos han dejado pasar sin más. Claro que esto de tratarte según el aspecto a veces jode un poco como cuando una joven que iba sentada en el trenecillo de la T4 intenta cederme su asiento cuando yo me iba a sentar en otro: “No gracias, ya me siento allí”. “Es que aquí irá mejor”. Y entonces piensas que, además de que hay gente muy caritativa, aquella chica me ha debido ver muy acabado. Y eso que hoy no cojeo y ando erguido. Porque esa ha sido otra característica de este viaje: hace diez días no podía andar y hace 30 lo hacía con bastantes problemas. Ayer casi tampoco, pero hoy estoy como una rosa, un tanto marchita, pero como una rosa, aunque a la joven del tren le he debido parecer más que una rosa un boniato.
Un pequeño descubrimiento: he leído que en este aeropuerto compañías piratas ofrecen el embalaje del equipaje (que es más bien una “momificación”) a precio menor que los “oficiales”. Pues hoy hemos visto a una joven pareja que se han traído el rollo de plástico de embalar de casa y lo han hecho en un minuto antes de facturar.
En el momento de nuestra facturación un pequeño susto. “¿Llevan ustedes el ELA?”. (“ELA” o nombre similar). “¿El qué?”. “Es necesario para ir a Australia. ¿No van ustedes a Australia?”
Un sobresalto por culpa de una azafata que no ha estudiado geografía y cree que Auckland está en otra parte.

Siempre controlo el peso del equipaje al ir y al regresar, y en estos viajes con maleta la llevamos muy justa, lo que no permite alegrías para cargarla a la vuelta, no como cuando llevas mochila que siempre te permite algo más. Ahora una maleta de 50×35 cm con 13 kilos de peso cada uno más o menos. Que la podríamos llevar en cabina, pero que al facturarla podemos llevar cosas que no están permitidas a bordo, como una botella de litro de “Chanel N° 5”. O un cuchillo jamonero.


Además llevamos una mochila cada uno, pero pequeñas, aunque la mía con el material fotográfico pesa casi como una maleta.
El aeropuerto como todos, o casi todos, con productos lujosos y montajes de escaparates preciosos, como por ejemplo el de champán (este sí francés y no cava) de “Veuve Clicquot”.


Y luego están los productos que, aunque no sean de lujo tiene unos precios como si lo fuesen. A mí me parecen escandalosos, aunque tú, querido lector, más avezado en el mundo consumista, quizás no te lo parezcan: una botellita de agua “S. Pellegrino” a 2,85€, y no servida por un camarero con pajarita, una licenciatura en “Fenómenos Naturales” y cuatro másteres, que la coges de una máquina. Pero a pesar de eso veo a un oriental, quizás un chino, sacar 3 ó 4 botellas de un refresco amarillo como si estuviese loco. Y a una joven española esperando ver como cae del dispensador una Cocacola de medio litro que parecía de una secta esperando la llegada de su mesías. Para compensar tanto derroche a un precioso restaurante le han puesto de nombre “La Mary”, lo que contrasta con la finura arquitectónica de la T4.

Embarque y toma de asientos. Estos son cómodos y encima está vacío el asiento del tercer pasajero de la fila de tres.
¡Mira que funcionan bien estos de Qatar Airways!
He escrito otras veces sobre la patochada de la presentación de las medidas de seguridad a cargo de los jugadores del Barcelona. Pues no sé qué ha pasado, pero en esta ocasión era una presentación neutra pero elegante, sin señoras desmelenadas al paso de los futbolistas. Sé que hay uno muy famoso que se ha ido a París y me preguntaba cómo lo resolverían en el vídeo, si harían como Stalin que quitaba de la foto de sus competidores, como a Trotsky por ejemplo. Pues aquí han quitado a todos. ¡Bien!
A poco de despegar se me acerca una simpática azafata, Sharmaine, y me pregunta que qué necesito. Vaya, que se lo he hecho repetir cuatro veces porque no entendía la pregunta. Y es que alguien había pulsado el botón de llamada e imagino que ella ha pensado, como la joven del tren, que el único que podía necesitar ayuda era el abuelito del 30J.
Pero es que estas azafatas orientales son muy simpáticas y agradables. Le he pedido más bebida en la comida a otra y todo han sido sonrisas. Anda pídele un poco más de vino a una de Iberia si te atreves. Claro que esta era tailandesa.
En el momento de la “rodadura” del avión pasamos por delante de un gran letrero donde está escrito el nuevo nombre: “Aeropuerto Adolfo Suárez”. He pensado que cuando manden en el espacio aéreo español (menos en Cataluña) los de Podemos podrían renombrar a este lugar como “Íñigo Errejón”. ¿Te imaginas a los pilotos no hispanohablantes diciendo “Íñigo Errejón”? Con lo de “Íñigo” lo tendrían más fácil: solo necesitarán repetir la famosa frase de Patinkin de “My name is Íñigo Montoya…” Pero ¿lo de “Errejón”? Se me ocurre que una solución de compromiso sería llamarlo “Aeropuerto Íñigo Montoya” y dejar lo de “Errejón” para la próxima glaciación y mientras tanto todos sabríamos a quien estaba realmente dedicado el lugar.

Más cosas del vuelo.
Vuelve a parecer el mapa de referencia con la Meca, pero lo sorprendente es que solo lo he visto una vez en las dos primeras horas; quizás sepan que este vuelo está lleno de infieles kafires.


La sorpresa, que no es sorpresa, pero que me sigue sorprendiendo es la diferencia horaria de Doha con Madrid: solamente una hora. Los de “Ciudadanos” creo que dijeron en las últimas elecciones que impulsarían una ley para cambiar esta situación y que la hora nacional se correspondiera con el meridiano geográfico, o sea con el de 0°. Ha debido pasar como con lo eliminar las diputaciones.
Y vuelve a aparecer el letrero de “Por favor, reza sentado” aunque este personal no parece muy piadoso. Sí que tenemos una monja, o mejor una monjita por su tamaño, de tez cetrina, que se ha distinguido porque se ha levantado para ir al lavabo en el momento de despegar. Ha debido pensar que lo de estar sentado era solo para rezar, pero que para las abluciones y micciones se podía levantar uno en cualquier momento.


Un aviso en la pantalla nos dice que la música de a bordo es una selección de Dana Al Fardan, compositora y cantante qatarí que desconozco pero que buscaré en Spotify al regresar.
Total, que este vuelo de 5333 km durará 6:37 horas, aunque el billete decía que serían 7 horas. Imagino que es que los vientos nos serán favorables.


A las dos horas y cercanos a la isla de Gozo (¡vaya nombre para un accidente geográfico!) llega la cena, merienda para la hora española. Y vuelvo a comprobar de nuevo que estoy hecho para vivir en un avión.
Como siempre elegimos dos opciones diferentes del menú y así si a Marisa una le parece muy picante me la como yo: ¡soy un sufrido! Las dos buenísimas: el vino bueno, el postre bueno y el coñac (esta vez “cognac”) también bueno.
Y como vamos hacia el este en cualquier momento, aunque son todavía las 7 de la tarde, se hará de noche.
Suelo tener en la pantalla el mapa del recorrido en lugar de una peli y lo malo de esto es que aparecen nombres de lugares que me provocan un gran deseo de visitarlos o de regresar de nuevo allí, como Siracusa, por ejemplo.
Qatar tiene un problema con sus vecinos especialmente con Arabia Saudita y les ha prohibido sobrevolar su territorio con los aviones de bandera de su país. Pues estos vuelos siguen sin mostrar en el mapa el cambio del recorrido que ahora marca un camino recto de Amán a Doha, atravesando toda la península arábiga.


Pregunto a Sharmaine por la actualización de los mapas y me dice que se lo preguntará a la jefa. Al poco aparece una guapa joven árabe y me explica que efectivamente no están actualizados los primeros, los más generales, pero que luego cuando estemos más cerca de Doha sí mostrará que el vuelo se separa de Arabia Saudí hacia el norte para no entrar en su espacio aéreo. La joven ha resultado ser de Agadir. Esta ciudad sufrió un gran terremoto en 1960 y aunque hasta entonces muchos desconocíamos esa población a partir de ese hecho unimos las dos palabras de forma automática: “El terremoto de Agadir”.
He aprovechado para “colocarle” la única frase que conozco de árabe: “No sé hablar árabe”.
Más tarde pego la hebra (¡mira qué frase más pasada de moda!) con otra azafata, esta de Chiang Mai. Hablamos de Tailandia, de su ciudad (de la que no me acuerdo de nada), de Bangkok y de los “cangrejos blandos”, el único plato de la cocina de su país del que me acordaba y que me encanta, aunque luego he pensado que quizás fuese como hablarle de las migas extremeñas a uno de Palamós.
Y cae la noche y el personal empieza a dormitar o siguen viendo pelis en la pantalla individual. ¿Qué hacían cuando no había pantallitas en los aviones?
Durante un buen rato los mapas aparecen solo en árabe y cuando salen en caracteres latinos veo Silifke y Gaziantep dos ciudades que visité yo solo y a las que me gustaría volver con Marisa pero me parece que no tiene muchas ganas de regresar a Turquía. Lo mismo más tarde con Diyarkabir, ciudad que tanto nos gustó.
Sale un nuevo mapa donde el avión ya no se dirige hacia Amán como en los primeros momentos sino que va hacia el norte, atravesando el este de Turquía y luego hacia Bagdad.


El trayecto según el mapa pasa entre Bagdad y Teherán y en medio de ambas no hay nada. ¿Qué zona debe ser esa? La única ciudad que aparece es Kirkuk y no debe ser un sitio muy saludable para un jubilado. Me parece que es que no han tenido tiempo de actualizar el mapa, pues sí se ven algunos asentamientos por la ventanilla del avión que no quedan reflejados en la pantalla. O es que quizás son lugares que es mejor que no sepas que pasas por encima de ellos.
Antes del final del viaje les hago una fotografía a la simpática pareja de azafatas.


Llegamos a Doha y pasamos de nuevo por el control de equipajes, pero, como ya dije en otra ocasión, más superficial que en otros aeropuertos. Imagino que como somos pasajeros en tránsito ya saben que llegamos “controlados”.

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