
Se han ido los viajeros a Bután y así nos quedamos anchos en nuestro departamento, aunque de vez en cuando se sienta alguno allí, no sabemos si es su sitio o lo hace porque le apetece, pero creo que es esto último.

En inmigración hay una cola larguísima y tenemos la suerte de que el funcionario que controla la cola de diplomáticos se queda sin clientela y nos mandan allí.
El joven se sorprende de que vayamos a estar un mes. Le pregunto que de donde es y me dice que de Manipur, uno de los estados del nordeste. Le digo que conocemos algunos de ellos, pero no el suyo y que queremos ir a Nagaland. Se alegra de ver a alguien que quiere ir por allí.
Tiene una cámara para fotografiar a los recién llegados, pero es como una caja de 15×15 cm con agujeritos que deben ser las lentes y una pegatina en medio con la figura emblemática de este país: unas manos juntas perpendiculares. Me señala la cámara y yo idiota pongo las manos como en la pegatina. Muy educado me dice que no, que solo mire la cámara para la foto. Pero no se ha reído. Menos mal.

2013. Delhi. Jama Masjid.
La India es tan grande y tan diversa que tienes que acotar el territorio que quieres visitar.
Nosotros habitualmente empezamos en Delhi y desde allí nos desplazamos a la parte del país que “exploraremos”.
Pero este año dejaremos de lado Delhi, haciendo solo escala allí, y empezaremos el viaje de verdad en Calcuta: vuelo directo de Madrid a Delhi y desde allí a Calcuta y lo mismo al regreso. Esto nos impedirá ver a nuestra amiga Smriti que vive en Delhi y realizar las compras, que en este país es algo casi necesario, también en esa ciudad donde le tenemos cogido el pulso a bazares, barrios y almacenes donde hacerlas.