
Esta ciudad me está gustando cada vez más, no tanto para quedarme a vivir aquí, como me sucedió en Wellington o Christchurch, pero sí para volver de nuevo.
También ayuda el tiempo primaveral, casi veraniego que tenemos: 20 de mínima y 27 de máxima y solo algunas nubes a lo largo del día, aunque anuncian que el viernes lloverá. Y lo dice la “Direcção dos Serviços Meteorológicos e Geofisicos”. Así mañana “Céu pouco nublado intervalado de períodos de muito nublado”. Que da gusto lo del portugués. Así hemos cogido un autobús (en Méjico “tomado”) y puedes leer la información en la pantalla luminosa: “Próxima Paragem”. Bueno también estaba en chino, aunque en el de regreso además de en esos dos idiomas estaba también en inglés.
La siguiente parada es la iglesia de Santo Domingo. Está situada en una plazuela muy concurrida y su fachada es una monada. Bueno, quizás parezca excesivamente frívolo el adjetivo de “monada” para la fachada de una iglesia barroca, pero no encuentro un calificativo mejor.
Jínjoles.
Padre e hijo.
Museo Nacional de Gyeongju.