Bajamos y entramos tomar un café en una de esas cafeterías de las que he hablado antes: de las que te dan ganas de entrar al ver su interior.
En casi todas las mesas hay señoras comiendo y es un local de los más extraños que recuerdo: cada mesa es diferente de las otras y lo mismo se podría decir de las sillas. Lee el resto de esta entrada »
Hoy vamos a visitar uno de los barrios de esta ciudad, Devonport, del que la guía dice que es un lugar muy agradable para visitar con edificios victorianos y eduardianos muy bien conservados y al que se llega en un corto viaje en ferry. También que tiene dos conos volcánicos a los que se puede subir y fácil acceso a playas.
Llegamos al puerto y hay atracado un crucero enorme. No soy especialista en este tipo de viajes y no sé cómo estaría clasificado este por su tamaño, pero a nosotros nos ha parecido descomunal.
Hoy ha sido el día más tonto de todo el viaje pues Marisa ya ha pasado su resfriado, pero me lo ha transmitido enterito a mí. Así que era un día para pocas alegrías y además lo hemos dedicado para el rito más horrible de nuestro viaje: las compras. Porque tú eres un abuelo y padre (y antes hijo) que haces tu reglamentario viaje del año y encuentras algo para tus hijos y tus nietos (y antes para tus padres). Pero resulta que eres otro abuelo que hace varios viajes al año y es muy complicado. Y más en países “sin tradiciones ancestrales” como este. Que en el devenir diario no tienes que aguantar las tabarras regionalistas de que aquí se hacen las mejores navajas del mundo, o de que allí los ajos son los más gordos del hemisferio norte. Pero tienes la desventaja de que sin las tradiciones y las leyendas patrias no tienes las tontadas turísticas de rigor. Además nosotros intentamos comprar objetos hechos en el país y eso a veces es imposible: cualquier objeto de todo el mundo está hecho en China. Aunque no lo parezca, sobre todo porque el precio no es chino sino neozelandés.
Todos los yates parecen deshabitados a pesar de ser domingo. Solo vemos uno con gente en cubierta: unos macarras jóvenes con música bastante desagradable. O sea, que tienes un yate cojonudo en la marina de Auckland y te salen unos vecinos así y te tienes que mudar a Chiclana, que me han dicho que es un lugar tranquilo y de nivel. Y es que el dinero no te da la solución para una felicidad completa.