58. Nueva Zelanda 2017. 17 de octubre, martes. Vigésimo noveno día de viaje. Auckland. Día 4. Primera parte.

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Hoy vamos a visitar uno de los barrios de esta ciudad, Devonport, del que la guía dice que es un lugar muy agradable para visitar con edificios victorianos y eduardianos muy bien conservados y al que se llega en un corto viaje en ferry. También que tiene dos conos volcánicos a los que se puede subir y fácil acceso a playas.

Camino del puerto vemos a unos “limpiacristales” en una fachada de un gran edificio que parece que estén en un ballet vertical.

Está situada en la bahía de Auckland, justo enfrente de los muelles desde donde salen los transbordadores. Coges uno de estos y en poco más de 10 minutos estas desembarcando en Devonport.


La guía recomienda coger un folleto en la oficina de turismo y allí nos dirigimos
Una amable viejecita (me niego a creer que esté aquí trabajando por un salario, la imagino como una voluntaria social) nos da tres folletos recomendándonos los recorridos que tenemos que hacer y eso haremos.
Este pueblo o barrio (desconozco su situación administrativa) es una preciosidad.


Una calle principal con casitas de madera, muchas de ellas de finales del XIX o comienzos del XX, pero cuidadosamente conservadas o restauradas.


En algunas unas tiendas con unas decoraciones que me parecen muy trabajadas, pero con un toque de que están así por casualidad.


Otras son restaurantes y cafeterías de esas que te dan ganas de entrar solo por su aspecto.
El primer recorrido te lleva por la calle principal hasta la subida del monte Victoria. Cerca de la cima hay una bonita casita con un letrero que te indica que es “The Michael King Writers Centre”. Este Michael King fue un escritor muy conocido y prolífico. Tras su muerte sus amigos lanzaron el proyecto de la creación de un centro dedicado a la escritura que llevase su nombre para honrar su memoria. ¡Qué gran idea!


En esta casita se celebran eventos literarios y en una de sus habitaciones pueden quedarse escritores para trabajar en sus proyectos, además de patrocinar residencias de otros escritores.
Te dejo el enlace para que veas lo interesante que es aunque me parece que es solo para los nacionales neozelandeses. O quizás seas un filántropo y esto te dé una idea para repartir tu pasta de una manera inteligente.

Un letrero en el suelo advierte que es “un retiro para escritores” y que por favor no molestes a los residentes.
He pensado en mis amigos escritores y en lo bien que estarían en este entorno tan agradable.
Llegamos a la cima del monte Victoria y leo que es el cono de un volcán. Le digo a Marisa: “Esto es un volcán”, ¿qué te parece?” Obviamente es una pregunta retórica, de la que no esperas respuesta, pues no te va a parecer mal un accidente geográfico, pero es lo que tiene la convivencia conyugal que tu “partenaire” no te hace ni caso porque va y te contesta: “Bien”.
Hace años me hubiese cogido de la mano y se hubiese mostrado encantada de estar encima de un volcán, aunque estuviese extinguido, pero ahora me contesta igual que si le hubiese preguntado por el efecto Venturi: “Bien”.


Por el contrario hay una pareja retozando en la hierba del mismo volcán y para hacerse una foto juntos él se la sube encina de los hombros. Si hago yo eso me tengo que quedar en una silla de ruedas en Nueva Zelanda. Y no lo digo porque Marisa este pasada de peso, que no lo está, lo digo por mi maltrecha columna.
Hay una placa dedicada a los 50 años en que se acabó la guerra en Europa. Resulta extraño ese homenaje.
Así he aprendido que el “VE DAY” significa “Victory in Europe Day”, y es curiosa esa celebración de “in Europe” dado que estamos en el Pacífico y que Japón no firmó el fin de la guerra hasta el 2 de septiembre. También que la placa se refiera al 9 de mayo siendo que el “VE DAY” se celebra el 8 de mayo en casi toda Europa excepto en Rusia y algún país que estaba antes en su órbita donde se celebra el 9.
El sitio tiene unas vistas preciosas sobre Auckland y la bahía pero hace un viento de mil demonios y no podemos quedarnos allí contemplando el paisaje en alguno de los bancos estratégicamente situados.


¿Por qué construyeron aquí un fuerte? Pues por miedo a un ataque de la flota rusa del Pacífico en 1885. Así que se colocaron 4 cañones en una terraza de la cara norte y parapetos para los fusileros. Al cabo de 8 años parece que se les pasó el miedo y aquella defensa se quedó en una “saluting battery”, cuyo nombre indica que solo debía servir en aquella gloriosa época victoriana para celebrar bodas y bautizos de la corona británica.


Por si fuiste un artillero en tu pasado servicio militar o tuviste un novio de esa especie: hay un enorme cañón con una larga historia que acabó el día en que se disparó el primer cañonazo: los vecinos se quejaron del estruendo y de los cristales rotos que provocó y nunca más se volvió a disparar. Que parece un diálogo de Gila.


El cañón era, es, un “Disappearing gun” y subirlo hasta allí en 1899 fue todo una hazaña para los que diseñaron el transporte y una putada para los que lo subieron: el cañón pesaba 13 toneladas y el soporte 26. Que ya no podía estar más alto. Y parece que es el último cañón de este tipo que está todavía en su situación original.
Dejo un enlace para los fanáticos de los “Disappearing guns”.

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