
Y ya completada nuestra cuota cultural y religiosa nos vamos a comer. Buscamos y encontramos un restaurante donde estuvimos en nuestro primer viaje a Calcuta y del que tenemos un agradable recuerdo: ahora hay un solar. Lo que pasa por no actualizarte.
Así que lo hacemos en uno de una cadena de restaurantes y lo acabamos en una cafetería de esas llamadas “boutique”, donde las cosas están buenas y la decoración muy bonita y te cobran como en el Ritz. Imagino, que nunca he estado allí.

Estamos en Calcuta en la estación de Shalimar y es como si te hubiesen dejado en mitad de los Monegros a media noche. O casi. Porque estamos muy pocos viajeros, pero no hay taxis, solo algún autorickshaw.
