Cuando llegué a Tokio pensé que acabaría haciendo un artículo como otras veces del tipo “Tokio. Todos los días” pero no ha sido así y va a haber más de esta ciudad que de ninguna otra. .
Hoy va a ser un día diferente porque es el último día del viaje y porque he quedado con Hiro para ver los cerezos en flor.
Mi ryokan está al lado del templo más famoso de Tokio y todavía no he ido a verlo así que hoy, tempranito, es el momento.
Senso-ji. (more…)
Después del restaurante regreso al metro. Me he fijado que no hay una norma general para la subida y bajada de las escaleras. En las mecánicas suele poner que te sitúes en la parte izquierda pero en las normales debes fijarte en cada caso pues hay indicaciones con flechas en el suelo. Casi todo el mundo las sigue pero de vez en cuando te encuentras a algún atravesado que va al revés. Esta tarde una viejecita bajaba en dirección contraria pero corriendo y apoyada en el pasamanos de su lado, pero eran dos barras paralelas y tenía una mano en cada barra. Si ella hubiese tenido 90 años menos hubiera pensado que estaba jugando a deslizarse. He estado observando su errático comportamiento y al final ha resultado que era una limpiadora del metro que llevaba un trapo en cada mano y bajaba a toda leche limpiando el barandado.
Dejo mi hotel y me voy al nuevo que es un ryokan. Ya conté que es como una pensión familiar de tipo japonés. He estado antes en dos y uno, el de Kioto, era normal y el otro una maravilla. En éste intenté reservar todos los días de mi estancia en Tokio pero sólo había estas dos noches. No es que haya estado cambiando como un loco de hotel. O como esos de las pelis a los que les persigue la policía o la mafia. Aunque en las ciudades de un país a las que siempre llego o parto intento tener un hotel de referencia e ir siempre allí. Así pruebo en varios hoteles hasta encontrar el que me gusta.
Hoy hace un día precioso y da pena meterse en un museo pero es que estoy a cinco minutos andando desde el hotel y tampoco quiero perderme la facilidad de esa cercanía.
Después de la compra del té salgo a la calle y llueve bastante, así que me he quedado a comer en esos grandes almacenes, pero no en la sección de comida maravillosa sino en la planta dedicada a los restaurantes, que casi todos los edificios comerciales tienen. Como casi siempre hay un escaparate con las muestras y la verdad es que debe haber un par de fabricantes de muestras de plástico pues todas se parecen bastante, desde los más sencillos a los más elegantes. En su aspecto, que el precio sí que varía. Así que me decido por uno que tiene un plato algo especial. Me siento, me traen la carta y no está el de la muestra. Cojo al camarero y lo saco fuera para enseñarle el que quiero. Me explica, más o menos, que no está porque es un plato coreano.