53. Tokio, día 1.Segunda parte.

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Después de la compra del té salgo a la calle y llueve bastante, así que me he quedado a comer en esos grandes almacenes, pero no en la sección de comida maravillosa sino en la planta dedicada a los restaurantes, que casi todos los edificios comerciales tienen. Como casi siempre hay un escaparate con las muestras y la verdad es que debe haber un par de fabricantes de muestras de plástico pues todas se parecen bastante, desde los más sencillos a los más elegantes. En su aspecto, que el precio sí que varía. Así que me decido por uno que tiene un plato algo especial. Me siento, me traen la carta y no está el de la muestra. Cojo al camarero y lo saco fuera para enseñarle el que quiero. Me explica, más o menos, que no está porque es un plato coreano. Mientras espero he sentido como si se hubiese movido el edificio. Vaya, estoy seguro. Como es un séptimo no sé si será por algún tren pues no le ha hecho caso nadie. Me traen la bandeja: un platito con unos trozos como de penca de acelga enana muy buenos, un bol con fideos de los gordos cubiertos de cosas varias, una teterita, otro bol con algo que está ardiendo y un platito con mermelada. El líquido de la tetera es para echarlo en los fideos. Es un plato frío. La mermelada, que no logro saber de qué está hecha, es para echarla en el bol que está ardiendo. Y dos cucharas muy largas que no sé para qué eran, además de los obligatorios palillos. Realmente estaba todo muy bueno.

Cuando salgo a la calle ya ha parado de llover y me voy al templo de Hanazomo. Muy sencillo y con unos árboles a punto de echar un montón de flores, que no verán estos ojos. Es un remanso de paz en una parte muy bulliciosa de Tokio porque está al lado de la zona del puterío. Curiosamente dicen que este templo tiene reputación de conseguirte éxito en los negocios, sean legítimos o no.

Hanazono-jinja.
El recorrido que recomienda la guía te manda a Golden Gai. Y dice que es un refugio para los toquiotas bohemios y que a pesar del ambiente es una zona segura incluso de noche. Claro también dice que de día está desierta y son las dos de la tarde y ha estado lloviendo toda la mañana. Y que si decides tomar un trago debes saber que algunos bares solo sirven a los clientes habituales.

Para evitar perderme, y más en este tipo de barrios, le pregunto a un señor el camino para ir al “Golden Gai”. Yo no sé si es que no me entendía o es que le parecía mal que le preguntase en la puerta de un templo por un lugar que quizás fuese pecaminoso pero no me contesta. Le pregunto entonces a otro con aspecto elegante que pasa por allí. Sí que habla inglés y me pregunta él si realmente quiero ir allí. Me he sentido con la obligación de explicarle que es que estaba siguiendo un recorrido recomendado por la guía. Pero, aunque no me he atrevido para evitar más confusiones, realmente le estaba intentando decir que es que iba allí de paseo no para ir de putas. Así que me dice que me lleva él. Atravesamos de nuevo el santuario sinto y salimos por el otro lado. Me dice cuando llegamos: “aquí esta Golden Gai, lo que pasa es que ahora está todo cerrado”. Son un conjunto de callejuelas estrechas con casas pequeñitas que sorprenden en este ambiente de rascacielos. Imagino que cualquier día las tirarán y levantarán un monstruo enorme.

De allí la guía dice que vayas a ver un teatro, por el ambiente que hay, y que en el camino pasas por Kabukicho, el barrio chino más famoso de Tokio. Y lo mismo que antes, que a pesar de lo que parece es una zona segura para dar una vuelta y que no notarás nada aunque si eres un varón y vas solo quizás se te acerque algún gancho para ofrecerte un plan. También que alrededor del teatro Koma se mueve la famosa mafia japonesa, “yakuza”. Así que esta vez le he preguntado a una señorita uniformada que debía ser de alguna empresa de seguridad, no fuera a meter la gamba.

Inciso sobre los “seguratas” japoneses.

En general no se ven en ninguna parte excepto en el metro de Tokio. Allí pasean en pareja por alguna de las enormes estaciones, pero no llevan ningún tipo de arma o de defensa a la vista. Generalmente son señores de más de 50 años y con un aspecto nada atlético. También vi a unos así trasportando fondos en Hiroshima, o la señorita de hoy. O aquí son totalmente respetuosos con los uniformes sea el que sea o son los cuñados de Bruce Lee. Porque no impresionan nada.

Fin del inciso.

Pues la guardia de seguridad me ha acompañado hasta la puerta del teatro que estaba a más de 200 metros desde donde le he preguntado. Sigo quedándome sorprendido de la amabilidad de la gente. No me extraña que el iraní que me encontré en Hiroshima quiera venirse a vivir aquí.

Me despido de ella diciéndole muchas veces “modo arigato” o sea…o sea nada, porque lo digo al revés. Tendría que decir “domo arigato”, muchas gracias, pero me sale “modo”. Debe ser como si en castellano te dijesen “chusma gracias”.

Veo un cartel en japonés de la peli de los Cohen “No es país para viejos” con la fotografía de Bardem. Me gustó mucho el film y me gusta encontrármelo aquí.

Acabo el recorrido donde lo comencé y vuelve a llover. En la plaza delante de la estación de metro hay una carpa y debajo de ella están maquillando a cuatro jóvenes en plan estrafalario. Delante una multitud con paraguas. Aquí siempre tienes espectáculo. Veo una frutería donde venden cocos para beber su líquido pero carísimos.
Entro en el metro y como es una estación muy grande te van marcando continuamente la distancia a la que se encuentra tu línea: a 280 m, a 250, a 215…

Como todavía es pronto y está lloviendo me voy a otra zona comercial: Shibuya. Y otra vez la sensación de que estás en el futuro de Blade Runner. No digo que no haya otras ciudades así pero es que Tokio es impresionante. En unos grandes almacenes, al lado de las grandes firmas de lujo está “Loewe Madrid”, “la nuestra”.

Shinjuku

Vuelvo a Shinjuku de nuevo y ha parado de llover. Ya hay mucha gente por las calles y en esta plaza en concreto el verla cruzar a la multitud es como ver un ballet. Un verdadero espectáculo. La plaza es como un hexágono en uno de cuyos lados está la estación y en los otros hay grandes avenidas con sus respectivos pasos de peatones y uno que cruza en diagonal la plaza. Los semáforos se ponen verdes para todos los pasos al mismo tiempo y la multitud invade la calzada. Impresionante.

Al regresar al hotel me doy cuenta de que por la mañana había bastante gente leyendo en el metro pero que ahora están dormitando. Y todos con sus paraguas, que no los dejan, que se los llevan a casa. Y así como en España, en el trasporte público casi todos los que leen libros son mujeres, aquí son hombres. Todos los que leen lo hacen unos libros pequeños de tapas blandas, vaya, lo más práctico para leer en el metro, pero me sorprende que no haya ningún dibujo ni fotografía en las tapas. Parece como si fuese un breviario religioso.

Y muchos viajeros con mascarillas. Pienso que no sé si además de las razones higiénicas personales, si el médico las recetará: “tienes un resfriado así que toma un paracetamol cada ocho horas y una mascarilla una semana”. Y que con la nariz tan pequeña que tienen en general, no tendrán problemas pero que en Europa con las napias que se gastan no sé como nos sentaría la mascarilla.

Moda y pecado.

Es increíble como la moda puede fagocitar cualquier cosa, incluidas las religiones. Claro que quizás en España o Italia no se hubiesen atrevido a tanto.


En una tienda de ropa situada en una de las principales avenidas comerciales el objeto central decorativo es una cruz. ¿Qué hubiese dicho en España la CEE? En Japón es simplemente un icono gráfico. En España un icono religioso. Seguramente esa acción en Japón no es pecado pero sí lo sería en España. Sabía que el pecado depende del momento histórico, o sea del tiempo. Así no fue pecado el quemar a Giordano Bruno y hoy lo sería. (Espero).

Los buenos padres escolapios no me explicaron que el pecado puede depender de la geografía.

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2 comentarios to “53. Tokio, día 1.Segunda parte.”

  1. Mulliner Says:

    Dices que hay bares que sólo sirven a clientes habituales. Ahora me preegunto cómo se llega a ser cliente habitual si necesariamente ha habido una primera vez…

  2. Angel de Japón. Says:

    Eso del acceso lo debí leer en la guía. Piensa que este artículo es de mi viaje Japón del 2008. Desde luego la paradoja que me planteas imagino que se resolverá si la primera vez te lleva un amigo. No tengo experiencia en clubes selectos, sean de meretrices o de golf.
    Si regreso intentaré enterarme.

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