He dormido muy bien a pesar de las ocho horas de diferencia pero es que llevaba mucho tiempo sin coger una cama.
He quedado con Hiro a las 9 para ir a visitar el mercado de pescado, el famoso Tsukiji Fish Market. Me levanto pronto y voy a desayunar al bar del hotel con la agradable sorpresa de que está incluido el desayuno en el precio: unas grandes tostadas de pan de molde con margarina y mermelada y té. Unos jóvenes occidentales se comen cuatro cada uno. Y son gigantes. Las tostadas. No habrán cenado. (more…)
Antes de marcharnos del aeropuerto hacemos algunas de las cosas que solo se pueden hacer allí, como comprar un bono de metro para turistas, y también aprovecho para validar el Japan Rail Pass. Y sigo comprobando después de lo del visado que aquí todo es de una eficacia increíble. Me dan ya el billete para el tren que cogeré el lunes a Kioto. Cuando me lo da me entero que el tren sale a las 10:06, porque hasta ese momento había tenido una conversación estúpida con el ferroviario porque yo entendía que había un tren a las 10 y otro a las 6 y yo le pedía el de las 10. Y él venga a repetir que a las 10 y a las 6. Ha sido divertido.
Antes de aterrizar en esta ciudad te dan un formulario de aduanas para que lo rellenes. Te advierten de todas las cosas que no puedes entrar en el país y además de todo lo habitual y que tú ya entiendes que está prohibido, también te dicen que nada de carne incluidas salchichas, ni vegetales ni arroz. Lo de llevar arroz a Japón debe ser como llevar agua del Ebro cuando vas a Tortosa. Pienso en alguien que me explicaba que siempre que viaja a un país que no tiene muy claro que va a comer se lleva bastantes bolsas de jamón serrano envasadas al vacío. Pues le pasaría como al del whisky de Londres. Una vez en Argelia entramos con una panceta.