8. Tokio. Día 2, primera parte.

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Carritos en el mercado Tsukiji.He dormido muy bien a pesar de las ocho horas de diferencia pero es que llevaba mucho tiempo sin coger una cama.

He quedado con Hiro a las 9 para ir a visitar el mercado de pescado, el famoso Tsukiji Fish Market. Me levanto pronto y voy a desayunar al bar del hotel con la agradable sorpresa de que está incluido el desayuno en el precio: unas grandes tostadas de pan de molde con margarina y mermelada y té. Unos jóvenes occidentales se comen cuatro cada uno. Y son gigantes. Las tostadas. No habrán cenado.

Hiro se presenta una hora antes de lo previsto pues el mercado lo cierran a las 10 de la mañana, no sé si todos los días u hoy por ser sábado. Vamos con el metro y vuelvo a ver lo complicado que es. Además no sé si debo ir por la derecha o por la izquierda. A veces hay flechas en el suelo indicándote que vayas por uno u otro lado, pero no hay una norma general. También hay unas baldosas especiales con dibujos para ciegos.Baldosas guía.

Cuando digo “dibujos” no quiero decir que los tokiotas son crueles poniéndoles dibujos que no pueden ver sino que tienen unas rugosidades que les marcan el camino. No sé que pasará cuando se encuentren dos ciegos, porque siempre chocarán. También tienen marcas en el suelo cuando llegan a las escaleras, sean mecánicas o no. Es una sociedad muy, muy organizada.

Tsukiji Fish Market.

La guía dice que lo más interesante es venir a la subasta. No sé como pues empieza a las 5 de la mañana. Pero que en cualquier caso hay que llegar antes de las ocho. Hemos llegado más tarde pero no he visto en mi vida un mercado de pescado más interesante. Es que no te puedes creer la cantidad de cosas que ves y si además te gusta el pescado es algo maravilloso. Las variedades que no te imaginas y cosas como las holoturias que no sabía que fuesen comestibles. Una de las estrellas es el atún.Atún español en Tokio.

Hiro me señala un trozo de atún que me dice que pone que procede de España y que es “natural”. Bolsas con hígados a 5€, no sé si la bolsa o el kilo. Sardinas a 6,5€ y sepia a 9€. En algunos puestos pescados grandes moviéndose y llenos de sangre: les cortan un trozo de cola y sangran por allí. No sé cual es el motivo pero Hiro cree que es para que los compradores comprueben el estado de la carne.

Mercado Tsukiji

A otros les pegan un tazo en el pescuezo. Hay cajitas con carne seca de erizo. Las cajas con langostas vivas están llenas de virutas de madera.

Mercado Tsukiji

Para esos bichos debe ser de lo más extraño estar bañándose en este medio. Como para un carpintero hacer puertas de concha. Conchas de todas las clases. Cuando digo “conchas” quiero decir moluscos. Un viejecito está limpiando la carne de un montón de ellas.

Limpiando conchas.

Le pregunta a mi amigo que de donde soy. Le dice que le gustaría mucho ir a España pero que no tiene dinero suficiente. No sé si era una indirecta para que le invitase a venir a mi casa pero solo le sonrío. En otro puesto están limpiando unas cabezas de pescados grandes y les sacan los ojos. Luego todos esos restos los llevan en una carretilla. Si fuesen mamíferos sería un poco truculento. Los puestos están un poco desangelados pues es casi la hora de cerrar.

El mismo mercado.

Todo el recinto está recorrido por unos vehículos muy extraños, mezcla de motocarros y vehículo espacial según los dibujos que hacían para ilustrar las novelas de Verne. Aunque es muy pronto vamos a comer y hay unas colas enormes. Damos una vuelta y nos sentamos en un templete sintoísta. Me explica mi amigo que en Japón la religión es una cosa social más que espiritual. ¿De qué me suena eso? Además se produce la circunstancia de que cuando hacen encuestas sale más población religiosa que el 100% pues algunos que se declaran sintoístas también se declaran budistas. Así charlamos un rato en aquel sitio sobre religión y le explico lo de la Compañía de Jesús y que el actual jefe aunque es español es medio japonés. Parece que aquí San Francisco Javier es muy conocido. Sobre el idioma he aprendido a decir “erizo de mar”, lo que es extraordinariamente útil, y que en japonés hay solo cinco vocales con los mismos sonidos que en castellano, pero que ellos pronuncian en diferente orden: “a, i, u, e, o”. Así que el japonés es bastante fácil de pronunciar para nosotros y el castellano para ellos.

Le pregunto por el temible anisakis pero no lo conocía. Es un continuo intercambio de conocimientos. O mejor de desconocimientos. Vamos a comer y siguen las colas. Solo hay uno sin ella pero está vacío; tiene el menú en todos los idiomas, incluido el castellano pero eso de que esté sin clientes no nos gusta nada, así que hacemos cola en el que tiene menos. Hay una especie de tabla con un montón de cosas escritas. Me parece que son los diferentes tipos de platos o menús. Error. Es una explicación de cómo hay que hacer la cola: se hace de cuatro en fondo y explica el orden:

1 2 3 4

5 6 7 8

9 10 11 12

Como tenemos cuatro delante somos el 5 y el 6 y como la mayoría son grupos de dos la cola se va moviendo como una serpiente.

Restaurante en el mercado Tsukiji.

En muchos restaurantes no hay información en inglés pero sí fotografías con los platos y precios, pero en éste ni eso, así que si no voy con Hiro estoy perdido. Hay sushi y un pescado que parecía anguila pero era otra cosa, y mucho arroz. Y por supuesto con palillos. Pero aquí se come calzado. Así que si vienes a Japón además de los calcetines sin agujeros debes saber manejar bien los palillos. Uno de los platos tenía un trozo que para mí era boniato pero me han dicho que era calabaza. Claro que no tengo ni idea de cómo se dice “boniato” en inglés. Y menos en japonés.

En este mercado se gastan grandes cantidades de cajas de poliestireno expandido. Las acumulan todas juntas y las trituran transformándolas en virutas. He preguntado por el proceso y un vigilante nos ha explicado que luego las envían a Taiwán para hacer nuevas cajas y volverlas a enviar a Japón. Yo sabía lo de la chatarra que enviamos a la India, pero con lo poco que pesa el poliestireno me ha sorprendido bastante. He acabado haciéndome una foto con el guardia.

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Una respuesta to “8. Tokio. Día 2, primera parte.”

  1. Luigi Says:

    Pues con lo “raritos” que parecen en algunas cosas, !qué lógica tienen para otras!. Eso si lo de la religión, raca, raca, matraca!

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