Archive for octubre 2005

AL de la India. Cuarta entrega. Aún Ahmedabad.

27/10/2005

Ahmedabad segundo día. Decido coger un tour que organiza la compañía municipal de transportes: 60 rupias. Recuerdo: un euro 52,8 rupias. Dura de 9 a 1. Estos viajes están organizados para los turistas indios y tiene la desventaja de que te llevan a algunos sitios que no te los recomendaría ninguna guía occidental, pero te permiten vivir de cerca la vida local. Así he descubierto gracias a este tour que Ahmedabad no es sólo ese centro lleno de gente, motos y bicicletas con calles estrechas llenas de vendedores. También hay grandes avenidas. Y una universidad. Y gente que vive en magnificos chalés como los de La Moraleja o Pozuelo. Algo de eso imaginaba, pues mi joven compañero de departamento de tren trabaja aquí en la agencia espacial india y eso no es una broma.
En este tour hemos visitado el ashram donde vivió Gandhi al regresar de Sudáfrica y desde donde empezó la lucha contra los británicos. Y he pensado en el primer propósito de mi viaje: la búsqueda del sentido a la vida o por lo menos a una frase. Pero esto ahora es sólo un sitio histórico.
También en la visita estaba incluido un templo jaino, pero de ellos escribiré cuando vaya a Palitana. Y un parque que quizás sea el parque más feo que he visto en mi vida. Y eso que había que pagar. Poquito.
Y finalmente un templo hindú donde las mujeres rezaban con el brazo derecho dentro de un manguito en forma de L. He preguntado en información del templo por esa práctica y ha resultado que el señor hablaba italiano. Hemos hablado un poquito pero estaba tan entusiasmado que se empeñaba que me quedase con él un rato. Había aprendido el italiano en Kenia donde había vivido.
Recomiendo la película «Missisipi Masala» sobre la situación de los indios que vivían en Africa y debieron salir de allí, aunque creo que la peli se referia a Uganda y al problema con Idi Amín Dadá. ¿Alguno lo recuerda? Ese sí que era malo de verdad, que se comía a los niños.
Vuelvo al templo. Se ponen el manguito porque esa es la norma que rige para las mujeres que recen en él.
¿Porque las religiones siempre ponen reglas o excepciones a las mujeres?
¿Porque las consideran socios de segunda categoria?
¿Porque alguien quiere ser voluntariamente miembro de una sociedad que te discrimina?
Mañana a Palitana.

AL de la India. Tercera entrega. Desde Ahmedabad.

26/10/2005

Esta nota la escribo en dos veces. En el primer sitio en que entré me hicieron descalzar. Y estaba limpísimo. Este en que estoy ahora es el lugar más sucio en el que he estado con un ordenador y con el teclado más cochambroso que he visto nunca. Pero es una especie de palacio semiabandonado y tengo un despacho para mí solo de unos 15 metros cuadrados. Un ciberpalacio a 10 rupias la hora. Recuerda: un euro 52,8 rupias.
Peligros.
La familia y amigos estaban preocupados por mi seguridad en este viaje por el terremoto de Pakistán y la gripe aviar. Un amigo incluso me previno del peligro de los cocodrilos marinos. Creo que se equivocó de lugar pues el peligro ha sido mucho más normal: se me cayó encima de la cabeza la litera de en medio en el tren estando yo sentado en la inferior. Fue un buen golpe y un buen susto para mi y los compañeros de departamento.
Ahmedabad.
Hay que pronunciar ‘Amdabad’ o ‘Emdabad’ si no, no sales de Delhi.
En mi guía dice que en el siglo XVI los viajeros la describían como la ciudad mas bonita del mundo. Ahora se llevarían un susto.
Es la principal ciudad, que no capital, del estado de Gujarat: más de 50 millones de habitantes en menos de 250.000 kilometros cuadrados. Teniendo en cuenta que una buena parte, el Kutch, esta despoblado la primera sensación que tienes al llegar es que los 50 millones están a tu lado. El 50 % va en bicicleta y otro 50 % en moto. ¿Ya no quedan mas? Pues sí: otro 50% conduce un autorickshaw y otro 50% va andando. Es que tanta gente da para muchos tantos por cientos, pero es que fuí a parar a la parte más central de la ciudad. Algo así como Las Ramblas de Barcelona un sábado de primavera por la tarde.
Y luego el calor. Estamos a mas de 35 grados. He preguntado en el hotel y me han dicho que el invierno comienza en noviembre. Estoy por quedarme aquí y comprobarlo y ver si solo es una exageración. Incluso me han dicho que hace mucho frío. No quiero ni pensar como será julio y agosto. Este verano llegaron a los 47 grados.
Voy camino de Palitana pero me he quedado dos días. El primero fue un día de descubrimientos. De esos que ponía la guía verde Michelin (¿existirá todavía?): «merece el viaje».
Primero visité «Dada Hari». Vaya, lo primero fue el intento. Porque fui a la estación de autobuses y descubrí que esos 50 millones estaban allí también queriendo coger un autobús y que en Gujarat no sólo se habla el gujaratí, cosa que no me preocupa más que el que hablen hindi en Delhi, puesto que no entiendo ninguno, sino que todo está escrito en alfabeto gujaratí, en el que hasta los números son diferentes y no sabes leer ni el número del autobús. Y mucha gente tampoco sabe leer tus caracteres y además los nombres al ser transcripciones de otro alfabeto no son exactas. En definitiva: que no te entienden ni entiendes. (Sí encuentro palabras escritas en caracteres latinos como polímero y fibra óptica pero no me son de mucha utilidad)
Afortunadamente un chofer indio me ayudó presentándome al «conductor» (que es como llaman aquí al cobrador) del bus adecuado. El bus te deja en la carretera y después de andar un kilómetro llegas a «Dada Hari». Es un pozo con galerías de piedra del siglo XV. Es una construcción, como muchas obras de arte, con mucha obra inútil para su fin pero es tan bonita..
Además estás en un pueblecito de Gujarat. Nada que ver con Delhi. Puedes llegar por escaleras de piedra con mucho grabado hasta el fondo de un pozo octogonal. Al lado del pozo hay una mezquita que más que tal parece un templo hindú. También una maravilla y sin nadie excepto dos fieles durmiendo.
El segundo descubrimiento fue otro pozo más antiguo, con una construcción semejante, pero convertido en un templo hindú.
Lo mejor fue encontrarlo. Niños que se te acercan e intentan preguntarte en inglés como te llamas pero que no entienden cuando les preguntas por «Mata Bhavani». Y entonces se acerca un pastor que lleva a un grupo de vacas, las deja que vayan solas, y me conduce a través de una aldea por un grupo de casas que parecen un patio de vecinos de Córdoba hasta llegar al templo.
Fue algo mágico. Luego regreso a la carretera para esperar el bus. La gente me sonríe y saluda en el camino y paso por delante de un gran almacén de carbón donde dos ancianas cargan grandes serones (no sé si esa es la palabra) para trasportarlo del gran montón a otro sitio. La India terrible de gente que trabaja muy duro y la India amable y sonriente.
Regreso a Ahmedabad y un nuevo momento mágico. Visito la Jama Masjid, una mezquita del siglo XV que es la mas importante de la ciudad. Es una maravilla que no tiene nada que ver con la austeridad de la gran mezquita de Delhi.
Es el atardecer y me siento un rato en el patio. Empieza a llegar gente, mucha gente. Bueno, en verdad sólo varones. Alguna mujer suelta bajo los pórticos. Se arrodillan en filas y empiezan a rezar. Entonces caigo que estamos en Ramadán y de ahí la gran afluencia sin ser viernes. Cuando acaban los rezos se dispersan en grupos y sacan unos plásticos de 2 ó 3 metros por medio metro. Sacan frutas, las pelan y las cortan en trozos pequeños. Enfrente de mí hay un grupo de 3 hombres que cortan sandías, plátanos y papayas. También traen unos cubos de plástico con zumo. Va llegando mas gente. Las mujeres se ponen en grupos aparte. Hablan pero casi en susurros. Y vuelvo a caer en que están esperando el momento del día en que se rompe el ayuno del Ramadán. Reparten la fruta y el zumo con los grupos de mujeres que parecen de su familia y con familias que deben ser pobres y no tienen nada.
Dicen algo por los altavoces y se ponen a comer, todos sentados en el suelo. Los hombres cubiertos con bonetes blancos.
Al salir a la calle el barrio de la mezquita hervía de gente. Parecía sacado de «Las Mil y una noches».

AL de la India. Segunda entrega. En Delhi.

25/10/2005

En el avión de Viena a Delhi solo pude ‘pillar’, como decís algunos, el Herald Tribune. Busqué información sobre España y encontré algo sobre fútbol y sobre Iberdrola. ¿Donde estaban las declaraciones de Carod, Maragall, Rajoy, Acebes…. ? ¿Será posible que me llegue a olvidar de todos ellos? En ese periódico sí hablaba de los 50.000 muertos de Pakistán y de que el invierno puede matar a muchos más.

Lo de buscar la paz y la energía interior en un ashram con meditación y castidad parece un camino bastante fácil, ¿no? Además recuerda bastante al camino seguido por algunos en Occidente desde hace varios siglos. Pero, ¿qué pasaría si ofrecieran esa búsqueda a base de plantar arroz desde que amanece hasta la puesta de sol? ¿O trabajar en una forja? Ofrece el cielo pero no lo hagas muy difícil.
Delhi.
Un domingo en Delhi y sin habitación de hotel, saliendo el tren a las 19:30, es un día algo especial. ¿Cómo lo llenas? No puedes ir de compras pues aunque los domingos empiezan a abrir algunas tiendas no puedes comprar al comienzo del viaje y llevar la carga durante un mes. Así que hago lo que muchos indios en domingo: me voy a pasear por la Indian Gate. Allí se juntan grupos de turistas indios que se hacen las fotos familiares delante del monumento.
Consejo para los fotógrafos: es uno de los mejores sitios de la India para fotografiar una feliz familia india (me niego a poner «familia feliz» que parece un plato de cocina china) Si además eres una occidental, quizás te pidan hacerse una foto contigo.
Un joven indio me rogó casi de rodillas que le pidiese a una joven occidental que iba con un grupo de turistas que se hiciese una foto con él. El grupo estaba a unos 50 metros y no los había visto en mi vida. Se lo explique así al joven indio varias veces. Y él seguía insistiendo. Si no hubiese sido porque iba con otros jóvenes hubiera pensado que era un loco suelto.
Esto de las fotos con indios llegó a ser una costumbre en mi primer viaje a la India. Entonces fuimos toda la familia. ¡Vaya!, como gusta decir a algunos próceres, entendiendo por familia el matrimonio y los dos hijos. Mi hija tenia a veces una cola de jóvenes para fotografiarse con ella. Y además, con gran enfado por su parte, me pedían respetuosamente el permiso a mí, no a ella. Claro que había que ver entonces a mi hija en pleno esplendor (y no es el barroquismo de un ex ministro que llamaba «esplendorosas» a las playas gallegas cubiertas de mierda cuando lo del Prestige que desde entonces a la palabra ‘esplendorosa’ le tengo un poco de manía) Ahora bien, a mí el año pasado también me lo pidieron y eso que hace muchos años que perdí todos los esplendores.

Vuelvo a la Indian Gate. El otro gran grupo es gente de Delhi que va allí en familias a tumbarse en el césped y a comer. Les encanta. Y el tercer grupo son jóvenes varones que van a jugar al críquet. Es el deporte nacional. Claro que también requiere menos cosas que otros: un terreno llano, una pelota y un palo especial para pegar a la pelota. Llevan cualquier calzado y en cualquier terreno.
El año pasado en este mismo lugar un conductor de rickshaw me ofreció, por primera vez llevarme a una casa para tener sexo. Leyéndolo así parece que era él quien quería hacer tener sexo conmigo, no, era algo de una casa de masajes. Aunque lo rechacé firmemente, me alegré de que me lo ofrecieran porque siempre me preguntaba porque sólo me ofrecían todo tipo de drogas. Pero esta vez debe reflejarse en mi cara la búsqueda de la verdad para llegar a entender la famosa frase y no me han ofrecido nada.
Para regresar de allí al centro de Delhi he cogido el metro por primera vez. Está recién inaugurado y para un occidental no sirve para casi nada por el recorrido que hace.
Es el metro más bonito, limpio y amplio que he visto nunca. Y el menos utilizado. En la entrada hay un control de pasajeros como en un aeropuerto: de uno en uno, con arco electrónico y cacheo personal. A las señoras una policía detrás de un biombo.
Después otro policía te registra el bolso. No me puedo imaginar ese control en nuestros metros. Y además en cada tren viaja otro policía. Pero por fin Delhi tiene un metro que espero ayude a disminuir la polución.
Mañana en Ahmedabad.

AL de la India. Primera entrega.

23/10/2005

¿Porqué he venido a la India?
Hace unos días leí en un periódico en Madrid unas declaraciones de Mariano Rajoy alabando (o eso me pareció) a Gallardón. Dijo:»Hay cosas que algunos no entienden de Alberto, a mí me pasa lo mismo. Lo que pasa es que yo le entiendo porque a mí me ocurre exactamente lo mismo». Después de repetidas lecturas seguía sin pasar del primer punto. Mis circuitos neuronales (el hardware del alma) estaban agotados y pensé que la única solución era recluirme en un ‘ashram’, donde a base de meditación, ayuno y castidad puedes ver la luz allí donde no la hay y volver a recuperar las agotadas energías mentales. Ya contaré qué lugar he encontrado y también cual es el significado de la frase. Si lo encuentro.
Huyendo de la balcanización o vulcanización de España.
Todas las veces que he visitado la India lo he hecho llegando a Delhi, excepto en dos ocasiones y la llegada al aeropuerto de Delhi sigue siendo impresionante, especialmente cuando llegas de noche como ahora. Delhi es una ciudad de llegada y también de partida y puede ser una maravilla o un infierno. Y puede suceder que quieras regresar a tu casa nada más llegar aquí.
Nada mas desembarcar lo primero que percibes es el olor a desinfectante de los retretes de los cines españoles de los años 50. Ya sé que muchos no os acordáis pero os aseguro que los váteres, así se llamaban entonces, de los cines de mi pueblo olían así. ¡Quién me iba a decir a mí que eso era como el aeropuerto de Delhi, sección llegadas!
Después, en el control de inmigración, se forman dos colas: pasaportes indios y no indios. Una cola de gente blanquita, de mediana edad, con todas las señoras por encima de los 35 años con el cabello rubio (los orientales deben preguntarse porque todas las mujeres mayores occidentales son rubias, ¿se morirán las morenas?). La otra cola con mayoría de hombre jóvenes, muy morenos, el pelo muy negro, ni un solo calvo (¿Porqué no hay calvos en la India? Siguiendo el razonamiento anterior, ¿se morirán los calvos?).
Al salir del aeropuerto encuentras en un pasaje cubierto a un grupo de 8 personas durmiendo en el suelo. Atraviesas ese pasaje lleno de manchas rojas a la altura del rodapié; son los restos de los escupitajos de quienes mastican betel. Como están secos, más que algo orgánico, recuerdan a las pinturas al fresco de Pompeya en versión abstracta.
En cuanto subes al coche que te lleva a Delhi aparece el miedo. Sabes que no te va a pasar nada, que si Dios protege a sus criaturas en la carretera, aquí en la India sólo en el panteón hindú hay más de 33 millones de dioses, así que alguno vigilará a este pequeño nepalí que me conduce al hotel. Que afortunadamente es hindú.
Y luego la polución. ¿Cuantas veces has oído la expresión ‘atmósfera irrespirable’? En Delhi no es una metáfora.

En la mañana del sábado me lanzo a la calle. Vivo muy cerca de la New Delhi Railway Station así que puedo ir andando hasta allí. Voy a la oficina de venta anticipada de billetes para extranjeros. Gracias a ella puedes salir por tren de Delhi, por lo menos la primera vez. Si no sería casi imposible sacar un billete en una ventanilla normal donde hay un montón (literal) de gente, la mayoría intentando colarse y donde antes debes rellenar un formulario para pedir el billete con información tal como el número de tren, la hora de salida y el tipo de asiento que quieres, la situación de la litera y, caso de que en el tren sirvan comida, si eres vegetariano o no. Pero en la oficina para los extranjeros todo es fácil aunque sus empleados sean los más indolentes de la India. Allí tienes que aprender a hacer cola. Hay una para pagar con rupias y otra con euros o dólares. Te sientas detrás del ultimo en unos sofás colocados en forma de L y te vas levantando y sentando conforme avanza la cola.
El único problema si llegas desde el sur, que es lo habitual, es la cantidad de ganchos que intentan confundirte y llevarte a una agencia privada. Pero después de atravesar un hall con cientos de personas durmiendo en el suelo, esperando su tren, llegas al «International Tourist Bureau» y sacas tu billete.
Plan de viaje.
Lo he decidido en función del billete de tren que he conseguido, de las ciudades que quiero visitar y de las fechas de unos acontecimientos importantes.
Quiero visitar Amritsar y su templo dorado en el Punjab, el festival de Pushkar en Rajastany, algunas ciudades como Palitana y Diu, antiguo enclave colonial portugués, en el Gujarat. Si echas una ojeada al mapa de la India veras que son tres estados situados en el Oeste y fronterizos con Pakistán y al sur de Cachemira.
También tendré en cuenta cuatro fechas muy importantes: el 1 de noviembre es el Diwalli o Deepawalli, el 4 es el Id, día en que acaba el Ramadán, el 15 el nacimiento del gurú Nanak y del 8 al 17 la feria de Pushkar.
Dentro de un ratito me voy en el tren de Delhi a Ahmedabar.

AL de la India

23/10/2005

Uno de los socios amigos de ‘El sol es..’ ha marchado a la India por un mes en la que será su octava estancia allí. Es uno de los españoles más apasionadamente indios y creemos que sus notas serán más humanas y más útiles que el ‘lonely planet’. Encontrareis todas en la categoría ‘India en 2005’