AL de la India. Primera entrega.

by

¿Porqué he venido a la India?
Hace unos días leí en un periódico en Madrid unas declaraciones de Mariano Rajoy alabando (o eso me pareció) a Gallardón. Dijo:”Hay cosas que algunos no entienden de Alberto, a mí me pasa lo mismo. Lo que pasa es que yo le entiendo porque a mí me ocurre exactamente lo mismo”. Después de repetidas lecturas seguía sin pasar del primer punto. Mis circuitos neuronales (el hardware del alma) estaban agotados y pensé que la única solución era recluirme en un ‘ashram’, donde a base de meditación, ayuno y castidad puedes ver la luz allí donde no la hay y volver a recuperar las agotadas energías mentales. Ya contaré qué lugar he encontrado y también cual es el significado de la frase. Si lo encuentro.
Huyendo de la balcanización o vulcanización de España.
Todas las veces que he visitado la India lo he hecho llegando a Delhi, excepto en dos ocasiones y la llegada al aeropuerto de Delhi sigue siendo impresionante, especialmente cuando llegas de noche como ahora. Delhi es una ciudad de llegada y también de partida y puede ser una maravilla o un infierno. Y puede suceder que quieras regresar a tu casa nada más llegar aquí.
Nada mas desembarcar lo primero que percibes es el olor a desinfectante de los retretes de los cines españoles de los años 50. Ya sé que muchos no os acordáis pero os aseguro que los váteres, así se llamaban entonces, de los cines de mi pueblo olían así. ¡Quién me iba a decir a mí que eso era como el aeropuerto de Delhi, sección llegadas!
Después, en el control de inmigración, se forman dos colas: pasaportes indios y no indios. Una cola de gente blanquita, de mediana edad, con todas las señoras por encima de los 35 años con el cabello rubio (los orientales deben preguntarse porque todas las mujeres mayores occidentales son rubias, ¿se morirán las morenas?). La otra cola con mayoría de hombre jóvenes, muy morenos, el pelo muy negro, ni un solo calvo (¿Porqué no hay calvos en la India? Siguiendo el razonamiento anterior, ¿se morirán los calvos?).
Al salir del aeropuerto encuentras en un pasaje cubierto a un grupo de 8 personas durmiendo en el suelo. Atraviesas ese pasaje lleno de manchas rojas a la altura del rodapié; son los restos de los escupitajos de quienes mastican betel. Como están secos, más que algo orgánico, recuerdan a las pinturas al fresco de Pompeya en versión abstracta.
En cuanto subes al coche que te lleva a Delhi aparece el miedo. Sabes que no te va a pasar nada, que si Dios protege a sus criaturas en la carretera, aquí en la India sólo en el panteón hindú hay más de 33 millones de dioses, así que alguno vigilará a este pequeño nepalí que me conduce al hotel. Que afortunadamente es hindú.
Y luego la polución. ¿Cuantas veces has oído la expresión ‘atmósfera irrespirable’? En Delhi no es una metáfora.

En la mañana del sábado me lanzo a la calle. Vivo muy cerca de la New Delhi Railway Station así que puedo ir andando hasta allí. Voy a la oficina de venta anticipada de billetes para extranjeros. Gracias a ella puedes salir por tren de Delhi, por lo menos la primera vez. Si no sería casi imposible sacar un billete en una ventanilla normal donde hay un montón (literal) de gente, la mayoría intentando colarse y donde antes debes rellenar un formulario para pedir el billete con información tal como el número de tren, la hora de salida y el tipo de asiento que quieres, la situación de la litera y, caso de que en el tren sirvan comida, si eres vegetariano o no. Pero en la oficina para los extranjeros todo es fácil aunque sus empleados sean los más indolentes de la India. Allí tienes que aprender a hacer cola. Hay una para pagar con rupias y otra con euros o dólares. Te sientas detrás del ultimo en unos sofás colocados en forma de L y te vas levantando y sentando conforme avanza la cola.
El único problema si llegas desde el sur, que es lo habitual, es la cantidad de ganchos que intentan confundirte y llevarte a una agencia privada. Pero después de atravesar un hall con cientos de personas durmiendo en el suelo, esperando su tren, llegas al “International Tourist Bureau” y sacas tu billete.
Plan de viaje.
Lo he decidido en función del billete de tren que he conseguido, de las ciudades que quiero visitar y de las fechas de unos acontecimientos importantes.
Quiero visitar Amritsar y su templo dorado en el Punjab, el festival de Pushkar en Rajastany, algunas ciudades como Palitana y Diu, antiguo enclave colonial portugués, en el Gujarat. Si echas una ojeada al mapa de la India veras que son tres estados situados en el Oeste y fronterizos con Pakistán y al sur de Cachemira.
También tendré en cuenta cuatro fechas muy importantes: el 1 de noviembre es el Diwalli o Deepawalli, el 4 es el Id, día en que acaba el Ramadán, el 15 el nacimiento del gurú Nanak y del 8 al 17 la feria de Pushkar.
Dentro de un ratito me voy en el tren de Delhi a Ahmedabar.

Anuncios

Una respuesta to “AL de la India. Primera entrega.”

  1. Lorraine Says:

    Interesante serie. Se agradecerían unas fotos de los lugares y situaciones que se mencionan.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s