Buscamos un restaurante de los que recomienda la guía y que está cerca de esa oficina y es típicamente hongkonés: un plato de cerdo, o de pato, o de pollo o de hígado a la barbacoa sobre un lecho de arroz blanco. Las mesas son enanas, pero allí te sientas donde hay un espacio libre.
Una comida estupenda.
Hoy ha sido un día casi perdido para el turismo, pero ganado para el conocimiento, por lo menos para el conocimiento viajero: casi podría dar un curso sobre las dificultades para obtener un visado para China. O sin casi.
Buscamos un restaurante en aquel entorno y la guía recomienda uno cuya especialidad, y plato único, son los “dim sum», ya sabes, esa especie de empanadillas asiáticas. El problema es que en aquella callecita hay varios de nombres parecidos o con el letrero solo en chino, pero que casi todos son de “dim sum”. Pero damos con el recomendado que es el que tiene la cola más larga en la calle.