La cerveza Sapporo.
La historia. (Que sé que varios bebedores compulsivos de cerveza me leen y seguro que el tema les interesa mucho).
En junio de 1876 el director de la Comisión de Desarrollo para Hokkaido contrató al señor Seibi Nakagawa (os recuerdo que aquí se pone primero el apellido y luego el nombre, lo que debería ser normal en todos los sitios como es lo del sustantivo y luego el adjetivo en castellano) como maestro cervecero, oficio que había aprendido en Alemania. En septiembre ya habían acabado la construcción de la fábrica. Y se lanzó al país la “Sapporo Beer”. Su etiqueta tenía y tiene la imagen de la estrella polar, el símbolo del gobernador. (more…)
Mi segundo día lo voy a pasar viendo unas cuantas cosas de la ciudad. No es monumental pero es un lugar muy agradable para pasar dos o tres días. Además el pronóstico del tiempo es que iba a hacer sol y así ha amanecido hoy: el día más soleado de todo el viaje. Antes de salir a la calle pensaba que con mi forro polar iba a pasar calor: error, pero garrafal. Porque desde el hotel no ves el viento pero lo hace y eso aumenta la sensación de frío. En España no se utiliza, pero sí en muchos países: la diferencia entre la temperatura “real”, la del termómetro, y la “sensación” de esa temperatura. Y la “sensación” hoy es bastante más baja que la del termómetro.
Después de la visita de la universidad me voy al centro. Paso por delante de una peluquería –aquí todas tienen esa cosa de colores que da vueltas y que en España han desaparecido- y me sorprende la lista de los precios. Yo siempre había creído que a los caballeros nos costaba una parte muy pequeña de lo que les cuesta la peluquería a las señoras. Pues en ésta la cuenta de ellas –aquí la llaman “Lady’s menú”- iba de 1050 a 3150¥ y la de nosotros de 1050 a 8400¥.
El viaje llega a la recta final y también llega la tranquilidad. Se acabaron las pesquisas sobre el pronóstico del tiempo para cambiar los planes. La incertidumbre de adonde iré en mi próxima etapa: ahora ya sólo quedan Sapporo y Nagoya. Y si llueve, truena o nieva me da lo mismo. Vaya, no me da lo mismo, pero como no puedo influir en esos meteoros me aguantaré con lo que venga.
Tenía que ocurrir.