35. Sapporo, día 2, primera parte.

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Mi segundo día lo voy a pasar viendo unas cuantas cosas de la ciudad. No es monumental pero es un lugar muy agradable para pasar dos o tres días. Además el pronóstico del tiempo es que iba a hacer sol y así ha amanecido hoy: el día más soleado de todo el viaje.  Antes de salir a la calle pensaba que con mi forro polar iba a pasar calor: error, pero garrafal. Porque desde el hotel no ves el viento pero lo hace y eso aumenta la sensación de frío.  En España no se utiliza, pero sí en muchos países: la diferencia entre la temperatura “real”, la del termómetro, y la “sensación” de esa temperatura.  Y la “sensación” hoy es bastante más baja que la del termómetro.

Mi hotel está a dos minutos de la estación de ferrocarril y allí hay una parada de metro. Sapporo tiene tres líneas de metro, ninguna circular, y dos tienen parada en la estación. Así que el metro es sencillo, pero lo que hay por debajo de la estación no te lo crees: andas y andas, pero mucho rato, hasta llegar a tu entrada de metro.

En el recorrido subterráneo veo personal barriendo el suelo. Realmente aquí parece que están limpiando un quirófano, pues como no tiran colillas, ni papeles, ni pipas (nadie come frutos secos por la calle), ni chicles,… pues no sé qué recogen.

Y viendo a esa gente trabajando me pregunto que quién hará aquí el trabajo que en España, en Europa, hacen los emigrantes: ¿quién será el moro, el rumano, el negro?

La estación de metro en la que me bajo tiene 37 salidas: treinta y siete. Así que o te han dicho antes por cuál tienes que salir o te tiras media hora leyendo los letreros o sales por donde puedes. Aunque leas los letreros.

Voy a ver el mercado de pescado “Nijo”. No sé si es por ser sábado (¡Sábado Santo!) pero está muy vacío de clientes.

Mercado de pescado “Nijo”.

Aunque le llaman “mercado de pescado” se parece más al de Wakkanai pues sobre todo venden cangrejos enormes, patas sueltas de unos bichos que no enseñan porque debe dar miedo verlos por su tamaño, huevas de salmón y de erizo y frascos de cosas desconocidas. Hay algunos restaurantillos y también algunas tiendas tienen mesas para que te comas la compra.

La guía habla de una especialidad que no sé si es de Sapporo o de este mercado: “madre e hijo”. Que dicho así para un plato que te vas a comer suena fatal, pero que en japonés, como no lo entiendes, parece algo elegante: “oyakodon”.

El plato original en Japón es un huevo y un trozo de pollo (debería ser “padre e hijo”) encima de un cuenco de arroz. Aquí es un trozo de salmón y huevas de salmón todo sobre arroz.

Casi todos los puesto del mercado dan a la calle y en la acera delante de cada uno hay una estufa de queroseno y los empleados calentándose allí. Algunas de las estufas tienen una cazuela de agua encima. ¿Para qué? Pues hay clientes, y yo he visto uno, que se compran un trozo de lomo de atún y se lo cortan ellos mismos como quieren. Como esto se hace sujetándolo bien fuerte con las manos, luego se las lavan allí con esa agua calentita.

En la peli de “Cocodrilo Dundee”, en la primera, que para mí tenía la gracia de la espontaneidad e ingenuidad del personaje, Paul Hogan intenta seducir a la encantadora señorita Kozlowski haciéndose el supermacho. Después de dormir en el campo se está afeitando con una maquinilla cuando ve que ella va a su encuentro. Esconde la maquinilla y saca un machete y hace como si se estuviese afeitando con él. Pues hoy he visto algo semejante: se afeitaba pero con un machete de verdad, claro que en el terreno del cálculo. Bueno ha sido una pirueta retórica pero mirad lo que vi: una señora de una tienda vende un trozo de salmón. Después de pesarlo ha calculado el precio con un ábaco pequeñito que tenía allí. Y lo divertido es que tenía una calculadora pero lo ha hecho con el ábaco delante del cliente. Y la calculadora ni la ha tocado. Que lo he visto y he sacado una fotografía. Con permiso, que era dentro de la tienda. Claro que para eso debes ser un cliente que también entienda de ábacos porque sino te pueden vender el salmón al precio del lomo ibérico. Porque te dicen: “A ver 273 gramos por 628 yenes el kilo son…” Y empiezan a mover las fichas como locos de un lado para otro y como no sepas de qué va…Al final: “171,444 yenes”.

Abaco contra calculadora: ganador el ábaco.

Como me coge de paso me voy a ver la torre de la televisión. Es una torre Eiffel en pequeño con un mirador desde el que ves todos los alrededores. Es uno de esos sitios a los que siempre acabas subiendo y que tiene una vista extraordinaria en días como los de hoy.

Vistas desde la torre de la televisión. Al fondo la pista de saltos de las olimpiadas de 1972.

Quiero ir a ver el museo de la cerveza y no lo tengo muy claro pues puedes visitar la verdadera fábrica o bien limitarte a lo más turístico y lo más bonito, que es lo que hacemos los turistas japoneses y yo.  Así que vuelvo a la oficina de turismo otra vez.

Hay días en que con las únicas personas con las que hablo son con las empleadas de estas oficinas y creo que a veces, inconscientemente, me dejo preguntas sin hacer para volver otra vez y poder hablar con alguien.  Bueno, eso es una teoría un poco freudiana, me temo.

Así que volví a preguntar por lo de la cerveza. Me explicaron como ir y luego le pregunté por el “río” de la universidad si lo era de verdad o solo de atrezo. Se quedó como la mujer de Lot.  O sea perpleja, pero muy perpleja.  Pero lo malo es que no lo sabía. Me podía haber dicho cualquier cosa que la hubiese creído, incluso que era un río sagrado de los ainús y que por eso no lo habían canalizado, pero no, como no lo sabía se lo preguntó a la de al lado y esta a otra, y así hasta que se acabó la ronda de las cinco empleadas en un señor mayor que debía estar solo allí para esas preguntas sobre los arcanos de la tierra: que el río es solo decorativo. Pero creo que realmente no lo sabían pero no querían dejarme con la duda. Y además lo pasé mal viendo todo el mar de incertidumbres y como iba creciendo en aquella oficina. Debería haberlo preguntado en la universidad. Y antes de marcharme y para instruirme sobre la lengua les pregunté qué significaba en japonés “etooooo”. Porque cuando pregunto algo y no lo saben siempre empiezan la contestación diciendo “etooooo”. Y muchos puntos suspensivos. Pues parecía algo sencillo y habitual porque a mí me lo dicen continuamente pero aquella chica estaba con la mente obstruida después de lo del río universitario.   Y así tuvo que volver a hacer la ronda de preguntas. Y al final llegaron a la conclusión que indica un momento de duda y es algo así como “déjame pensarlo”. Que en castellano podría traducirse por “estoooooo…”.

Total que no sé si me nombrarán “turista honorífico” de esa oficina o “turista no grato”.

Pero espero que para el próximo que pregunte por lo del “río” ya se hayan enterado.

PD. Creo que ya he dado este consejo alguna vez pero lo repito. Que son gratis. Si vienes a Japón y no tienes un magnífico reloj como el que me regaló mi hijo, traéte una brújula. Aunque te sepas orientar por el sol, las estrellas y las corrientes marinas o la dirección de los vientos alisios, te perderás en los grandes centros comerciales que hay en las estaciones de este país. Seguro.

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