Kotohira. Continuación.
Sigo subiendo y llego a un templo pequeñito que es una preciosidad. La guía dice que si cuando llegas al final te encuentras “energético” (otra vez la palabra) y eres un trepador incurable puedes continuar otros 500 escalones hasta Oku-sha. Le pregunto a un cura que está detrás de una vitrina por el camino: “esto es Oku-sha”. Lo dicho, que son unos exagerados o creen que todos somos fumadores. (more…)
He dormido como un japonés. Y me he despertado lleno de “energía”, como hubiese pensado la señora vendedora de santos que nos pasaba a todos los españoles. La primera alegría, además de mi estado de ánimo, que eso ya es alegría, es que hoy está totalmente despejado. Después de estos últimos días no me merecía otra cosa.
Llego antes de lo previsto a Tokúshima así que intento adelantar la hora de mi billete. Ya sé que me repito pero es que me parece imposible: lo hacen, no tardan ni cinco segundos y encima te sonríen. Lo de la sonrisa lo he imaginado porque me ha tocado la misma jovencita que me lo vendió la primera vez y que seguía llevando mascarilla. Le pregunto si es por la alergia primaveral y el polen. No, que está resfriada.
Sigo sin visitar Tokúshima.
Esperando en la estación pienso en lo de los 88 templos y creo que podría ser una alternativa al Camino de Santiago.