32.Naruto.

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Sigo sin visitar Tokúshima.

He tenido un pequeño percance con el reloj maravilloso. Resulta que funciona con células solares. Pues ahora que vas con manga larga y algún chaquetón apenas ve la luz y se queda sin carga. Así que si ves a alguien que parece mostrar ostentosamente un reloj por encima de la ropa no penséis que seguro que es un macarra exhibicionista.

Pago el maravilloso hotel y a la estación. Hoy voy a Naruto.

Al lado de la estación veo a un mendigo. Al primero. Realmente no era un mendigo sino un pobre. Era viejo y llevaba un zapato de cada clase. Hasta ahora no los había visto pero he leído que en Tokio hay bastantes en un parque y que muchos lo son debido a los problemas económicos de este país en los 80. ¿Habrá servicios sociales que se preocupen de esta gente?

Mientras espero el tren me tomo un té de máquina. Lo puedes tomar con azúcar o sin. Tienes un 50% de posibilidades de acertar porque con los rótulos en japonés eres incapaz de entender qué estás eligiendo. Hay máquinas expendedoras por todas partes incluidos los vagones de tren, con una gran variedad y una gran selección de latas de café. Parece que está de moda esta bebida. Además puedes elegir entre latas frías y calientes. Y lo mejor es que no te clavan. En nuestro país hay una tendencia a cobrar más porque te lo sirva una máquina. Debería ser al revés. Y así hasta los atracos de las máquinas de los aeropuertos. Especialmente ahora que no puedes entrar con bebidas. Aquí un té de vaso 100 yenes, las latas de 100 a 120, las botellas de agua o refrescos de medio litro 150, las latas de café 150 yenes. Y puedes calcular 1€ a 155¥.

En la estación aparece de vez en cuando un peregrino. Son los que hacen el recorrido en tren, pero con mochila y solos. Y esta mañana todos los que he visto iban de blanco de arriba abajo. Llegan trenes de cercanías y baja gente muy arreglada. Casi todos los hombres con traje y corbata. Un 97%. Y todos con colores oscuros.

En la estación los caminos marcados para ciegos tienen los rebordes metálicos. En las calles suele ser de la misma baldosa de las aceras. Como cambia el dibujo cuando pasan del camino recto al borde del andén o al comienzo de las escaleras no sé si lo distinguirán con el bastón o llevarán zapatos de suela fina. Porque sigo sin ver ciegos y mira que en este país tienen todo preparado para ellos.

Para ir a Naruto cojo lo que llaman un “tren local”. Es como un tren de cercanías antiguo pero cómodo y limpio. A esa hora y saliendo de una gran ciudad va casi vacío. Sí lo utilizan los escolares. En los vagones los ventiladores van envueltos en bolsas de plástico, imagino que esperando el verano.

Pasamos por unos huertos donde entre lo plantado hay unos palos clavados y colgando de ellos por las patas una especie de patos negros de plástico. Debe ser avisándoles de que allí no son queridos. ¿Dónde tendrán los patos la clase de semiología?

Naruto.

Es una ciudad que está en la parte nororiental de la isla de Shikoku. Es famosa por sus remolinos. Cuando cambia la marea el agua del mar pasa a través del canal de Naruto que separa Shikoku de una isla que hay más al norte, Awaji, que está entre ella y Honshu. El agua pasa a tal velocidad que se crean unos remolinos que deben ser espectaculares por las fotografías que he visto. Para eso tienes que estar enterado de la horas de la mareas y de ello te informan en el TOPIA de Tokúshima. Hay mucha publicidad alrededor de los remolinos pero si no vas a las horas adecuadas no verás casi nada. Así hoy era a las 10:40. También en TOPIA me dijeron que fuera en un autobús que sale delante de la estación de tren y que va directo hasta el llamado “Parque de Naruto”. La guía te dice que si tienes pase de ferrocarril puedes ir en tren hasta la estación de Naruto y que desde allí hay un paseo de 15 minutos hasta el mar. Así que me voy con el tren y llego antes de las 10. Pero tú no quieres ir al “mar”, tú quieres ir a “uzu-no-michi”. Pregunto en la estación y me dicen que el autobús para ir allí sale de delante de la puerta y al primer bus que pasa le pregunto si va a “uzu-no-michi”. Y el chofer que es un tío encantador se baja y me enseña los horarios en un tablón: el primer bus sale a las 10:28. Aunque lo que he entendido es que el bus 28 salía a las 10. Así un señor que se da cuenta que a cada autobús que para le pregunto si va a “uzu-no-michi” me explica como puede que el bus sale a las 10:28 y veo que no llegaré con la marea. Le pregunto, también como puedo, cuánto me cuesta llegar andando. Con el reloj me muestra la aguja de los minutos que da dos vueltas completas y algo más: ¡más de dos horas! Como tengo una fe ciega en la guía que dice que son 15 minutos, deduzco que no me entiende. Regreso a la estación y les pregunto que cuanto se tarda en ir andando: 10 kilómetros. Pues tendré que esperar al autobús. De nuevo en la parada de los buses una jovencita con dos bolsones me pregunta si voy al Parque de Naruto, que ella también va. Y es que habla algo de inglés con un acento muy gracioso, como si estuviese asustada. Y como realmente lo habla muy poquito a mitad de una frase se queda con la boca abierta sin poder seguir y a veces es divertido pero a veces me produce bastante angustia. Total que se erige en mi protectora. Tiene 20 años aunque yo le calculaba 15, y me dice que estudia…pues me dice “food” y se toca la tripa. “¿Medicina?” No. Si solo hubiese dicho “food” yo hubiese entendido que estudiaba para cocinera, para pescatera o carnicera, que para reponedora no creo que necesiten estudiar en Japón. O para hacer sushi. Pero al tocarse la tripa he deducido que debe ser algo más complicado. “¿Dietética?” No conoce la palabra. Y estamos como en un concurso. Entonces saco papel y boli y le escribo lo de los lípidos, prótidos e hidratos de carbono. Se le ilumina la cara. Que sí, que estudia eso. Entonces debe ser para dietista. Y como le he preguntado por temas personales como dónde vivía, si lo hacía con sus padres, la edad…le explico que yo tengo dos hijos y dos nietos. No entiende lo de los nietos y mira que es fácil en inglés, ¡si fuese “yerno” en francés…! Pues papel y lápiz y le dibujo el árbol genealógico mendeliano de todos mis viajes. Cuando lo entiende me dice: “¡pues entonces eres abuelo!”. Pues mira no lo pienso así cuando hablo de mis nietos. Es que lo explico con ellos al final como el resultado de todo el proceso biológico y así parece al revés. Pues gracias a la dietista he llegado porque el autobús te deja en un aparcamiento desde donde debes andar 10 minutos y todo está muy indicado pero en japonés. Y así llegamos al puente de Ohnaruto. Un puente enorme. Debajo de la calzada de los coches han hecho un andador de 450 metros de largo para que los ciudadanos nos podamos situar a 45 metros por encima del mar y veamos los famosos remolinos. Eso es el “uzu-no-michi”. Ya han pasado las 10:40 pero la joven me explica que en un cartel dice que se ven una hasta una hora antes y otra después de la hora crítica, así que aún estamos nosotros a tiempo. Pero el tiempo no está con nosotros: una densa niebla cubre todo el estrecho. Y el pasillo ése para situarse encima del mar es de pago. Astutamente tienen una pantalla que te muestra lo que se ve en ese momento, así que aunque hay niebla algo verás. La chica dice que con ese panorama no va a entrar y yo creo que no veré nada pero que quizás no tenga otra oportunidad en la vida, y le explico que ella es de Nagano, que está lejos, pero yo soy de Alcañiz, que está lejísimos, y no sé si volverá aquí, así que nos despedimos y entro.

Uzu-no-michi

El montaje es espectacular. Además de ver el mar por los laterales, a veces a través de vidrios y otras de rejas, hay también ventanas en el suelo de 2 metros cuadrados cada una y desde luego es espectacular. La niebla no levanta del todo y a un kilómetro o dos hay una pequeña islita con faro que parece salir de un cuento de hadas y hechiceras. El agua forma grandes remolinos pero no he visto nada semejante a lo de las fotos, quizás porque fuese tarde o quizás porque no siempre se ven igual. Así se recomiendan las mareas de luna llena. Pero merece la pena.

Remolinos
No me puedo quedar mucho rato porque debo coger un tren por la tarde en Tokúshima y desde aquí solo hay autobuses cada hora así que vuelvo al aparcamiento al que llegué a pesar de que hay más cosas por allí para ver o simplemente pasear. Por ejemplo, hay una colina con grandes vistas a la que se sube con una escalera mecánica de 34 metros de altura vertical. O un museo, que es el más grande de Japón, donde se exhiben reproducciones de las obras maestras mundiales. Pero el bus no espera. E intentando ir hacia la parada me percato de que a la ida me he dejado llevar por la jovencita y no me he fijado en el camino. Cuando voy solo por una ciudad pero sobre todo por bosques y montañas suelo mirar hacia detrás para tener puntos de referencia para la vuelta, e incluso en alguna situación más complicada, y recuerdo una en Laos con mi mujer, voy haciendo marcas en el suelo o en los árboles, como Garbancito (¿o era Pulgarcito?), para no perdernos a la vuelta. Total que hoy he tenido que esperar en un cruce a que pasase alguien que me leyese los carteles indicadores. Cuando llego a la parada está allí la jovencita japonesa con sus dos grandes bolsas. “¿Has podido ver algo a pesar de la niebla?”. Para no decepcionarla le he mentido y le he dicho que no se veía casi nada. Me ha dado una pena…

Es el primer autobús interurbano que cojo y tienen un sistema de tarificación muy curioso. Depende de la distancia, lo que es normal. Entras por la puerta central y coges un ticket que tiene un número. Por ejemplo el mío era el 11. En la parte frontal del bus hay un cuadro con los números de las diferentes paradas y debajo en un indicador luminoso aparece la tarifa que corresponde a cada parada. Y así va subiendo el precio conforme te alejas de tu origen y el personal sabe cuanto tiene que pagar. Al salir por la puerta delantera, al lado del conductor, echan el billete y la cantidad de monedas necesaria. Yo no tenía bastantes monedas y como había un artilugio que admitía billetes yo pensaba que es que se podía pagar así. Meto un billete de 1000¥ cojo el cambio y bajo. Error. Lo que he recibido no era el cambio sino mil yenes en monedas para que las echase en la máquina del cobrador. ¡Vaya jeta la mía! Me ha dado un poco de vergüenza y aunque no lo había contado me parecía que me devolvían demasiado dinero teniendo en cuenta que el billete costaba 690¥. Menos mal que imagino que el conductor se ha dado cuenta que lo mío era ignorancia y no maldad.

Me vuelvo a despedir de la jovencita. Como siempre mucho “arigato” y mucha reverencia.

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Una respuesta to “32.Naruto.”

  1. Luigi Says:

    Espectacular foto de Naruto.
    Ah y era Pulgarcito el que dejaba “garbancitos” para saber regresar…”Garbancito” es por ej. el sr. Mº de Justicia!

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