Seguimos en Delhi y en la “zona peligrosa de ganchos”, así que al poco de salir del hotel ya nos entra el primero y Marisa no para de repetirme que no le conteste, que no le diga nada. Y es que si son educados y no se ponen pesados no me importa contestarles las primeras preguntas.
La isla Elefanta tiene una superficie de 16 km² y una población de unos 1200 habitantes.
Y algo muy importante: No se permite pasar la noche a los turistas. Así que no te despistes con el último ferri, o tendrás que volver nadando. (No hay tiburones).
Hace muchos años, en el Precámbrico, tal día como hoy los padres escolapios (quizá también los de las escuelas nacionales, no lo recuerdo) nos llevaban a rezar delante de la “Cruz de los Caídos” (“¡Caídos por Dios y por España!”, se entiende) para conmemorar la muerte de José Antonio Primo de Rivera: ¡Presente!
Estoy intentando escribir en el tren que nos lleva de Ajmer a Udaipur, pero se mueve tanto que es tarea casi imposible.
Nos levantamos muy temprano para evitar el susto de Jaipur adonde llegamos con dos minutos al tren, pues las estaciones de ferrocarril de la India suelen ser muy grandes y esta de Ajmer lo es, y los trenes también son larguísimos.