Quienes en ese momento recuerden haber visto alguna fotografía de su entrada triunfal en La Habana, quizá no recuerden o no sepan el enorme éxito que tuvo la película Ben-Hur un año después o la buena fortuna de «Mi tío», de Jacques Tati, que se estrenó en España por entonces.
Habrá mil opiniones, lamentos y alegrías, que nadie puede ser siempre odiado ni amado.
Algunos de quienes se han llamado sus amigos se arrepentirán de no haberle dicho que no es educado someter a personas inermes a discursos de más de cinco horas. Alguno de ellos, incluso algún Nobel de obra inolvidable, llegará a pensar que debió advertirle de que, a pesar de sus panegiristas, esa conducta revela una feroz indiferencia por el bienestar de sus leales. (more…)
Uno de los pasados días AL ha hecho un comentario, en una de sus notas desde Camboya, sobre una escultura desaparecida, propiedad del Museo Reina Sofía, que me parece que demuestra la ternura de la educación en los escolapios, esa ternura que tanto echaban a faltar quienes se educaban con ellos hace unas décadas. Como razón de la posible desaparición de una obra de Richard Serra desaparecida dice «el arte moderno a veces se confunde con la chatarra», pero esa afirmación es la más amable interpretación que un buen corazón puede hacer; porque cuanta ignorancia, desidia y complicidad deben darse para hacer desaparecer una escultura de 38.000 kilogramos; que eso no cabe en un bolsillo, ni siquiera en un buen trailer, ni un poco hoy y otro poco mañana; y aunque muchos llegásemos a juzgarla como chatarra, ¿cuantos de nosotros desconocemos que la chatarra de propiedad pública no es, de ningún modo, de nuestra exclusiva propiedad?
Dice la primera acepción de inexorable en el diccionario de la RAE «Que no se puede evitar.» Y así parece que en España muchas cosas son inexorables y en especial las que en su arreglo o consecución atañen a nuestros Representantes o a Servidores del Estado.