El hematocrito de la hipocresía

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Fármacos dopantes en el Museo Olímpico de Lausanne Ayer la Guardia Civil detuvo al director de un equipo ciclista, a un médico especializado en tratamientos a deportistas profesionales y a varias personas relacionadas con ellos, acusados de delitos de dopaje. Consistiría su delito en efectuar y realizar todos los preparativos necesarios para efectuar transfusiones de sangre a ciclistas y otros deportistas. Esa sangre era propia de cada paciente y era previamente mejorada mediante técnicas que aumentaban la proporción de glóbulos rojos, aunque algún periódico dice que también era “oxigenada”. Digamos que no contenía sustancias extrañas al cuerpo del donante sino que contenía las mismas en mayor y mejor proporción para el propósito de estimular el rendimiento deportivo.
¡Quien esté a favor de los tramposos que levante la mano! Nosotros no, pero siempre hay un pero. Este delito nos parece, como otros muchos a los que se dedican desproporcionados esfuerzos, un delito sin víctima. Los “pacientes” se prestaban voluntariamente a la práctica sabedores de que les proporcionaba beneficios claros y pocos perjuicios. Los “listillos” vivían y alcanzaban notoriedad a costa de los pacientes. Por defraudar la confianza de los aficionados y las ilusiones de los niños, si es que los niños cuando levantan la cabeza del GTA San Andreas que les ha comprado su papá aún se hacen ilusiones sobre los ciclistas, los implicados en el engaño merecen ver rebajados sus ingresos y negados sus méritos. Pero de ahí a la cárcel y a la indignidad más absoluta hay un salto de ángel.

Casi todo lo que ocurre en un mundo de recursos y tiempo limitados debe ser sometido a criterios de prioridad y los delitos sin víctima deben ir detrás de los delitos con víctima. Dedicar meses de un Juzgado de Instrucción y mucho tiempo de un grupo selecto de la Guardia Civil a este asunto nos parece como ciudadanos y contribuyentes un sinsentido, aunque haga pavonearse a algún Ministro. Sin ser alarmista, quizá ocupar ese tiempo de esa manera tenga relación con la triste película de un Alcalde de un pueblo de la costa mediterránea quejándose de la falta de Guardia Civil en su zona y pidiendo seguridad, que lamentáblemente no se puede transfundir en bolsas de medio litro en la comodidad de una consulta. Y mientras, si hay algo de verdad en lo que ocasionalmente sale en la prensa de papel, las bandas “albanokosovares” con estos pelos.

P.S. No hay intención de utilizar la palabra albanokosovar como un espantajo. Si hay algo de verdad en lo que, de cuando en cuando, aparece en las páginas de sucesos la impagable wikipedia ilumina sobre la posible causa. Algunos recordamos vagamente los hechos. En 1997 toda Albania fue sacudida por varias estafas piramidales generalizadas, en las que incluso participaron miembros del Gobierno, que sumieron a los albaneses en la pobreza universal. Como consecuencia se produjeron motines que afectaron a todo el país, en los que se saquearon los cuarteles de los que desaparecieron millones de fusiles ametralladores Kalashnikov. Cambiaron su ahorro por armas.

Puestos a banalizar se afirma que el médico detenido elegía al ganador de las carreras ciclistas mediante el mayor o menor uso de la sangre “concentrada”. Alguien debería investigar un poco en cuanto a la peligrosidad de los tratamientos y publicar los resultados. Si hay certeza sobre su bondad la Seguridad Social podría pronunciarse sobre su uso en caso necesario. Somos muchos los que queremos lograr gestas sin esfuerzo.

Y para terminar, si la Ley del Dopaje sigue adelante con penas severas, ¿qué razón existe para limitarla al deporte profesional?¿Son los deportistas con licencia federativa mejores o peores que quienes conducen nuestros autobuses o quienes toman decisiones de urbanizar nuestras costas?

Una respuesta to “El hematocrito de la hipocresía”

  1. Mariví Says:

    Yo creo que el dopaje en el deporte se da sobre todo por este afán de nuestra sociedad de llegar aún más lejos en las todo tipo de acciones y ateniéndonos al deporte, en romper las marcas anteriores. De ser el mejor, porque si no eres el mejor, no eres nadie Esto, además hoy en día da mucho dinero a los patrocinadores y demàs gente involucrada en sacar el máximo rendimiento de sus pupilos, sin atenerse a ningún tipo de moral o ética. Así el campo está abonado para el dopaje y el deporte ha dejado de ser lo que en un principio fue, un esfuerzo por mejorar física y psíquicamente, dentro de los límites de cada uno, en el deporte que cada cual eligiera, ha dejado de ser eso tan manido de: “mente sana en cuerpo sano”.

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