Desde el mirador, camino del hotel, vuelvo a pasar por el barrio de Motomachi y aprendo una palabra en ainú: “chacha”, hombre viejo.
En una placita hay un joven de los que antes se llamaba un “joven inconformista” tocando la guitarra. Parece que toca algo como el “Concierto de Aranjuez”. Estoy a punto de acercarme y decirle que soy de Aranjuez. (more…)
Como decía la guía que el mercado de Asa-ichi se acababa a las 8 de la mañana y está al lado del hotel me voy allí antes de desayunar. Compruebo que hay realmente dos mercados: uno que permanece abierto hasta el mediodía y algunos puestos hasta la noche donde venden todo tipo de cangrejos, cangrejitos y cangrejones, más moluscos bivalvos diversos, huevas de salmón y de erizo y mucho alimento de este tipo empaquetado, congelado, envasado…del que me hubiese gustado probar de todos y llevarme de casi todos pero era imposible hacerlo.
He venido aquí porque me cogía camino del norte de Hokkaido y porque la guía, aunque no habla maravillas, sí la describe como una ciudad al borde del mar, con tranvías y con un bonito cementerio para extranjeros. Me acordé del de Calcuta y decidí hacer una parada.
Ayer por la noche cuando estaba en el hotel me encontré a la pareja “rubia-hippy” pues se alojaban allí también. Yo había supuesto que él era anglófono pero resultó que le tenía que ayudar con el inglés su novia: era lituano o letón. Pero entre ellos hablaban japonés. Ella seguía con una mascarilla profiláctica como el primer día que los vi. Por debajo de la mascarilla se adivinaba una sonrisa muy simpática. Me ayudaron con la web del hotel de Wakkanai que estaba toda en japonés.
En este hotel hay un pequeño buffet de desayuno japonés. Nada que ver con el desayuno del último ryokan, el de Hiraizumi, porque si no me quedaría a vivir aquí. Hay un cuenco con la sopa matutina habitual y luego puedes coger pastelitos de arroz, tres vegetales desconocidos y té o café. Y además algo de bollería y mantequilla. El personal se hincha de arroz y la bollería ni la tocan. Lo curioso es que a pesar de que las bandejas de servicio son muy pequeñas nadie repite, ni siquiera el té, excepto yo; quizás sea una cosa de educación.