24. De Morioka a Hakodate.

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Ayer por la noche cuando estaba en el hotel me encontré a la pareja “rubia-hippy” pues se alojaban allí también. Yo había supuesto que él era anglófono pero resultó que le tenía que ayudar con el inglés su novia: era lituano o letón. Pero entre ellos hablaban japonés. Ella seguía con una mascarilla profiláctica como el primer día que los vi. Por debajo de la mascarilla se adivinaba una sonrisa muy simpática.   Me ayudaron con la web del hotel de Wakkanai que estaba toda en japonés.

Esta mañana me los he vuelto a encontrar. Ella no llevaba la mascarilla y he sufrido una ligera decepción.

Ha amanecido el mejor día de todo el viaje; lo malo es que voy a pasar toda la mañana en el tren: iré de Morioka a Hachinohe y de allí a Hakodate.

Al salir de Morioka el día está mas claro que ayer y he visto el volcán Iwate. Impresionante.

Amor japonés.

Si no hubiese leído “Un país de nieve” me hubiese quedado sorprendido de la cantidad de nieve que he visto este año porque a pesar de que el viaje es de fin de marzo y abril me he cruzado medio país y siempre con nieve. Hoy también.

En Aomori hay un cambio de sentido de tren y para un poquito. Los fumadores se tiran como locos para fumar en un lugar reservado para ellos en el andén. (He leído estos días pasados que en Tokio se ha prohibido fumar en cualquier lugar de los andenes en todas sus estaciones). Y es que este tren es de “no fumadores”. Generalmente sólo en  los trenes muy largos llevan vagones de ambas clases.

Vuelvo a ver el mar pero de nuevo sin playas.

Una de las singularidades del viaje es que en el segundo trayecto voy a pasar de la isla de Honshu, donde he estado hasta ahora, a la de Hokkaido  y ese paso con el tren se hace por un túnel subterráneo y submarino. En el respaldo de la butaca hay una información detallada de esta obra, Seikan: extensión 53,8 kilómetros, de los que 23,3 son por debajo del mar; la profundidad máxima del mar encima del túnel son 140 metros y allí desde el lecho marino (pensé que jamás podría escribir esta expresión, “lecho marino”, que tanto me gusta) hasta el túnel hay 100 metros más lo que hace que desde la superficie sean 240 metros.  Y además pone en una tabla la hora exacta de entrada y de salida del túnel de cada tren. Así el mío ha entrado a las 11:59 y salido a las 12:33, total 24 minutos y es que este tren era un “Super Hakucho”. Pero mira que son puntuales que lo hacen clavado, aunque a lo mejor el maquinista anda tonteando para entrar y salir en el momento exacto de la tabla.

Imagino que los claustrofóbicos lo pasarán muy mal pero hay hasta excursiones para ver las interioridades del túnel y la obra que tiene: la opción más corta dura de una a dos horas.

Y así cuando sales del túnel ya estás en la otra isla.

Hokkaido.

Es la isla más al norte y la menos poblada. Su principal atractivo turístico tiene que ver con actividades al aire libre, como esquí, senderismo, pesca, descenso de ríos, bicicleta…Lo menos adecuado para ir solo y con este tiempo. La guía dice que solo el 5% de la población vive aquí, así que si según la CIA (como siempre insisto que no es broma; no me gusta jugar con esas sociedades) hay en Japón 127.078.679 habitantes aquí en Hokkaido habrá 6.353.933,95. Lo podemos dejar en 6.353.934. Pero ocupa una quinta parte de la superficie del país. Con las mismas fuentes obtengo una superficie de esta isla de 75.567 km², o sea un pelín más pequeña que Castilla la Mancha con 79.409 pero ésta con 2 millones de habitantes.  Y eso que a los japoneses les parece que Hokkaido está despoblada.

También dice la guía que la falta de población es porque de noviembre a marzo llegan los fríos siberianos. Menos mal que estamos en abril.

Los antiguos pobladores de esta isla eran los ainús que se consideran los verdaderos japoneses pero que durante mucho tiempo han sido tratados como ciudadanos de segunda clase.

La división de la isla en cuatro regiones no puede ser más fácil: Do-nan, Do-o, Do-hoku y Do-to.  Vaya que no puede ser más fácil para que te confundas y te vuelva a pasar como a la paloma de Alberti y pensando que te vas a “Do-o” te vayas a “Do-to”.

La capital de esta isla, lo único que yo conocía de nombre antes de venir, es Sapporo, famosa por ser la sede de los juegos olímpicos de invierno de 1972.

Sigo con la guía: “la primavera y el comienzo del verano suelen ser húmedos y miserables”. Que traducido así del “miserable” inglés seguro que es otro faux-ami, como lo de “divino” de Tono. Porque además ahora es primavera.

La temporada para el senderismo va de mayo a octubre.

Lo más divertido de la descripción de esta isla es la frase final hablando de uno de los parques nacionales que hay aquí: “…el paisaje es sensacional pero a los turistas se les dice bastante claramente que si se aventuran en las áreas de acceso restringido serán multados, comidos por los osos o ambas cosas.” Así que para evitar una multa después de ser comido por un oso no iré por allí.

Total, que ahora estamos a comienzos de abril y ya veremos que pasa.

El primer contacto con Hokkaido ha sido un cielo bastante negro y mucha nieve en los primeros pueblos que hemos encontrado aunque afortunadamente luego ha desaparecido.

Mercado de Asa-ichi.

En Hakodate voy a un hotel de la misma cadena de estos últimos días. He descubierto que tienen todo lo que necesito a pesar de lo sencillos que son. Y que no tienen botones, lo que para mí es una ventaja. Yo no había caído en esta circunstancia   hasta que en este hotel una extranjera, pero asiática, tras hacer su inscripción se quiso quedar en el hall de la entrada en uno de los PC con internet. Le dijo a la recepcionista que llamase a un botones para que le subiese la maleta a la habitación. Debía ser una cosa tan exótica que la chica no la entendía. Al final le dijo a la recepcionista algo así como “pues si no hay botones subemela tú”. La pobre puso unos ojos como platos porque debía serla primera vez que se lo pedían y además de no muy buenos modos, sobre todo estando en Japón.  Pues claro, le dijo que no. La otra tonta del culo se pensaba que podía dejar vacía la recepción para subirle a ella el equipaje.

Me quedé con ganas de decirle algo por la forma en que se lo pidió. Pero al fin pudo la prudencia.

PD. Pides en el tren un té y te lo sirven en medio minuto pero luego te tiras cinco dando cabezazos y diciendo “arigato”.

Otra de tren.

En los trenes japoneses hay un letrero luminoso encima de cada puerta donde van dando información.  Está siempre en japonés, lo que es normal, excepto cuando está a punto de llegar a una estación cuando aparece en japonés y en inglés y también habitualmente por megafonía. Cuando el tren arranca de nuevo vuelven a decir en ambos idiomas para los recién llegados el nombre del tren y el destino.  El resto del tiempo está dando continuamente información en japonés. Lo que me fastidia es que de vez en cuando aparece un tanto por ciento, generalmente 20% ó  30% y eso seguro que es un descuento. Y con lo que me gusta a mí los baratos espero ingenuamente que salga la oferta en inglés: nasty de plasty.  Es solo para los que saben leer japonés.

¡La cantidad de gangas que seguro que me he perdido!

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