Como tengo una especie de miopía paradojal, el niño del Congreso me demuestra no la dificultad sino la enorme facilidad para conciliar cuando eres tan poderoso/a que todos tienen que rendirse a tus deseos.
Eso sí, pixélamelo un poco no vaya a ser que me lo reproche cuando sea mayorcito, que los niños simbólicos son muy susceptibles.