Menos pienso, luego menos existo.
Podría ser la ley del asno, del que quienes lo han conocido afirman que es un animal inteligente y con buena memoria, que se niega con tozudez a colaborar a que le traten mal.
Más pienso, luego más existo.
Podría ser la ley del estómago agradecido, pero también la exigencia del «do ut des».
Idea de F.R.