En Mendoza nos vamos a quedar dos días (tres noches, como en el resto de ciudades, excepto Bariloche y Buenos Aires) y decidimos hacer una excursión un día y el otro dedicarlo a Mendoza.
En el camino hacia el centro, que es donde están todas las agencias de viaje, queremos ver un restaurante que recomienda la guía por su “brunch” y nos perdemos.
Salimos de la catedral y cuando regresamos a la calle principal parece que hubiese pasado por allí una secta de iconoclastas, facción “huevos de pascua”. Desolador.
Al caer la tarde los alegres policías de Río Negro vuelven a tocar el tambor: ¡qué se le va a hacer si son las fuerzas del orden! (Estos de aquí más bien del “desorden”).
Lo hacen igual de mal que siempre, pero, desafortunadamente, con más ánimo que otros días.
Tras una corta espera en la puerta del alojamiento apareció una furgoneta que iba recogiendo a los clientes por la ciudad para hacer el contratado “Circuito Chico”.
(Obviamente, esta foto es de “relleno”, que es un gancho turístico para que el personal se haga fotos con el can y deje una propina al propietario).
2018. Madrid. Ensayando. Preparativos de Semana Santa.
Disclaimer.
(Más “estiloso” que “aviso legal” o “descargo de responsabilidad”, dos de las posibles traducciones).
Aunque parezca mentira muchos días no tengo tiempo para escribir el borrador de la crónica diaria y debo esperar a hacerlo en los largos recorridos en el autobús; así este lo escribo en el trayecto de Neuquen a Mendoza. Esto ya lo hacía en los trenes de la India, pero allí, excepto por la intriga que ocasionaba entre los otros viajeros, era más fácil hacerlo. Así que mi caligrafía no resulta demasiado legible cuando paso este borrador al ordenador para publicarlo en el blog. Vaya, si es autovía no está mal, pero en las carreteras normales es horrible.