
En el camino a Punta Cantor encontramos la llamada “Caleta Valdés”, una albufera de 35 km con una entrada en la parte sur y con poblaciones de pingüinos y elefantes marinos.
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En el camino a Punta Cantor encontramos la llamada “Caleta Valdés”, una albufera de 35 km con una entrada en la parte sur y con poblaciones de pingüinos y elefantes marinos.
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Llegamos a Punta Norte, uno de los lugares más importantes de esta península, pues es famoso por el avistamiento de orcas y su comportamiento, tanto es así que nos hemos encontrado a una joven pareja de españoles que venían con su coche alquilado y nos han dicho que cuando han llegado a primera hora ya había una larga fila de coches esperando que abriesen el acceso.
Y nada más llegar a la zona de avistamiento, entiendes el porqué.
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Hoy ha sido un día especial desde el punto de vista de la escritura de esta crónica y es algo que no me gusta, pero que siempre me sucede: llevamos una vida tan agitada que algunos días no me da tiempo de escribir la crónica y lo hago a posteriori, pero a veces ese “a posteriori” se va alejando en el tiempo y al final no la escribo. Y esto es lo que me ha sucedido.
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Regresamos paseando hasta el hotel y me percato del caos urbanístico que han cometido por lo menos en la primera línea de playa: un chalecito de una planta, al lado otro de dos, luego un bloquecito de 3 alturas y al lado un bloque de 15. Y todo parece bastante reciente.
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La noche ha sido placentera y he dormido como un tronco.
Aunque el que nos vendió los billetes nos dijo que el autobús no paraba en todo el trayecto, parece que si ha habido alguna parada, según me ha explicado Marisa, donde el personal ha bajado a comprar bocadillos y bebidas, pero no me he enterado.
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