Aquí se podía haber acabado este viaje.
Hace unos días unos cacos nos robaron del interior del coche dos ordenadores y una bolsa de viaje tras romper la ventanilla trasera. Uno de los dos ordenadores era nuevo y no tenía nada de información y seguramente tenía valor en el mercado de los ladrones, pero el otro era el PC de «casi toda mi vida», (more…)
Llegamos a Guwahati, devolvemos el coche y nos vamos a pagar lo que teníamos pendiente por la prolongación de cuatro días a Ziro. Marisa me ha pedido que no me queje de una vez en la que el chófer intentó engañarnos en Tawang y de alguna otra cosilla más y así lo hago. Pero al darle el dinero a la empleada de la agencia me dice que le cambie un billete de 500 rupias porque tiene un pequeñito agujero en medio. Hay que explicar que en este país un billete puede tener un agujero como una moneda de 20 duros (un euro para los modernos) y se acepta normalmente, otra cosa es si tiene un pequeño desgarro en cualquier lado, que lo rechazan habitualmente.
Este país sigue sorprendiéndome todos los días, y generalmente con sorpresas agradables. Al final será para eso, para sorprenderme, para lo que vengo a la India: tengo amigos que me preguntan que porqué regreso otra vez si sigo encontrando el país caótico y lleno de problemas para viajar. Pues quizás sea para eso, para encontrarme con nuevas sorpresas, nuevos acontecimientos, nuevas gentes, nuevas experiencias al fin. Y también con alguna bronca y algún desencuentro. 
Luego visitamos un colegio de claretianos. Pues sí estamos en la India, la “Incredible India”, y allí vamos. Resulta que Abu fue alumna de este centro y aquí paso de ser seguidora de Donyi Polo a ser católica. Y aquello parece otro país. Estamos viendo un aula con uno que parece que es del personal del centro cuando aparece un elegante y guapo religioso que nos recrimina