Ayer fue casi el día del silencio. O mejor el día del casi silencio. Después de no hablar con los sectarios de la cocacola, ni con el franco-español rarito, sólo hablé un poquito con el guía francés del grupo que llegó al hotel. Un tío simpatiquísimo. Me fui del comedor del hotel para que pudiesen cenar los franceses pero aún era prontísimo así que salí un rato a la calle delante del hotel. Se me acercó un sordomudo y estuvimos charlando un rato. Cosas sin importancia como de la familia y la religión y sobre el tabaco. O sea que en cuestión de conversación no podía haber sido un día más raro. La habitación está justo debajo del tejado y todas las paredes, techo y suelo eran de madera. No paraban de oírse ruidos por el techo. Imagino que debían ser las palomas. (more…)