El autobús no tiene espejo retrovisor en el lado derecho (os recuerdo que se conduce por la izquierda) y cuando el conductor se percata de ello busca una solución y aparece con un espejo como de casita de muñecas y lo sujeta con una goma.
En mi crónica anterior escribí sobre los autobuses que son “2×1”. Hoy el nuestro es “3×2”. O sea tres asientos en un lado del pasillo y dos en el otro. (more…)

Estoy escribiendo este borrador en la habitación del hotel y me siento como si estuviera en mi pueblo. La diferencia es que aquí lo que turba mi sosiego es una canción melódica a varios millones de vatios (o de voltios, no sé) y allí es el “chunda, chunda”, a varios billones de lo mismo. O sea un millón de veces más. Me explico. El hotel da en su parte trasera a una especie de club fino con una piscina, pista de tenis y un edificio. Y nuestra habitación daba a esa zona tranquila y señorial.
Después de comer regresamos al hotel y al pasar delante de la estación de ferrocarril nos paramos a hacer unas fotos de una máquina antigua que tenían como de exposición y estaban arreglando. Los operarios que ya se marchaban ven que Marisa va a hacer fotos y vuelven a poner la escalera y a hacer como que trabajan. Muy gracioso. 