Esta mañana le hemos echado la última mirada a la pagoda de Shwedagon desde la terraza del hotel. El día estaba gris pero me he quedado con el recuerdo de ayer en que estaba espectacular al atardecer.
El desayuno del hotel se toma en la cafetería que vi ayer llena de niños bien ranguníes. No hay nadie más y el local es el más moderno que he visto en este país. Parece de Bangkok. (more…)
Nada más llegar a la estación de autobuses empieza la batalla. El primer taxista nos pide tres veces más de lo que finalmente hemos pagado. No es que te pidan un poco más, es que te piden el triple. A ése le digo si es que me quiere llevar a Bangkok, pero no me entiende. La estación de autobuses de Rangún y la de Mandalay son las dos en las que me he encontrado con los mayores abusos. O por lo menos con los intentos.
Esta mañana vuelvo al desayuno tradicional del huevo (o de la tortilla) después de haber estado desayunando “mohinga” todos estos días pasados. Pero sólo porque nos espera un largo viaje en autobús y no quiero sorpresas digestivas porque si no os recomiendo “mohinga”.
Después de comer en el chiringuito donde lo hacemos todos los días y tras un breve descanso en el hotel nos lanzamos de nuevo a la calle.
En este hotel hay una capilla para Buda en cada planta. Y eso que estoy seguro de casi ninguno de sus huéspedes es de esa religión. En la de nuestra planta, que es la última y que además solo tiene tres habitaciones, le han puesto ofrendas. Miramos lo que hay y descubrimos estupefactos que son frutas de plástico. Yo no soy budista pero me parece un poco insultante o por lo menos poco respetuoso aunque recuerdo algún otro lugar, no sé si de Birmania o Camboya, donde le ponían fajos de billetes de dólares, pero falsos.