
Los proselitistas de San Expedito han resultado ser una pareja muy amable con la que he charlado más veces durante el viaje y, ¡cómo no!, de la situación económica del país.
Él trabaja para una empresa extranjera y me ha contado un truco (en secreto) para transformar su salario en dólares y así evitar impuestos y depreciaciones de la moneda.
No lo cuento, porque no me pareció muy legal, pero tenía que ver con las criptomonedas.
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