Estoy escribiendo en la tranquila (“muy tranquila” comparada con la de Queenstown) sala de estar-comedor del albergue de Te Anau.
Hay una música de fondo, pero muy de fondo, que me suena a china y curiosamente, aunque son las 8 y media de la tarde, solo estamos Marisa y yo y una francesa que lleva media hora hablando por teléfono, imagino que por algún medio barato, vaya, gratuito.
¿Sabes cómo hablan los franceses? ¿Esa cadencia y tono cantarín que emplean? Pues así esta chica, pero solo se notan las subidas y bajadas. Por cierto, que la misma joven me ha dado un susto de cojones esta tarde. (more…)