Después del desayuno he aprovechado para comprarle unas flautas balinesas a mis nietos (¡problemas de los abuelos y los regalos de los viajes!) a un anciano que trabaja o ayuda en el hotel. Me ha dicho que me escribiría el nombre de cada uno en una especie de sánscrito que utilizan en Bali. Le he dicho el orden en función del tamaño de la flauta (como producción artesana cada una era de su leche) y del nieto. Pues la ha cagado y al segundo le ha “adjudicado” la más pequeña. (more…)