El uno y el cuatro quieren gobernabilidad bundo bando, el dos y el tres son ingobernables y aborrecen la indecencia más que nadie o mucho más que nadie. El tres fustiga a todos con un látigo de colas rojas infranqueables llenas de verdad absoluta. El tres quiere pactar con todos los números que le obedezcan y se las va a hacer pasar moradas a quienes no acaten a su gran jefe, gran guía, gran timonel (eso sí, no alfa). Los demás números se asustan ante la vehemencia de lo imposible. Y en sus programas está entera su solución que puede doblarse completamente como los juncos, pero nunca romperse.
Antes creíamos que no nos representaban, ahora vemos que van a representar constantemente durante años y no digamos en estos largos primeros meses que se conceden para hacer cualquier nimiedad. Parece ser que les hemos elegido para que gestionen – aunque no está escrito qué es eso de gestionar, se escribe sobre la marcha -, pero debe ser duro y siempre hay algo mejor que hacer. Dar clases de moralina, por ejemplo.
