Estoy escribiendo este borrador en la habitación del hotel y me siento como si estuviera en mi pueblo. La diferencia es que aquí lo que turba mi sosiego es una canción melódica a varios millones de vatios (o de voltios, no sé) y allí es el “chunda, chunda”, a varios billones de lo mismo. O sea un millón de veces más. Me explico. El hotel da en su parte trasera a una especie de club fino con una piscina, pista de tenis y un edificio. Y nuestra habitación daba a esa zona tranquila y señorial. (more…)