Lukoil, lio kul.
Me parece «cool» porque es frío, pero en este embrollo alguien debe tener una gran pasión inconfesable.
Lukoil, lio kul.
Me parece «cool» porque es frío, pero en este embrollo alguien debe tener una gran pasión inconfesable.
Decía Krugman el pasado día 2 en el New York Times hablando de la crisis: «And the people who should be steering us away from that abyss are out to lunch.» O sea que los que tienen que desviar el rumbo que nos lleva a ese abismo han salido a comer.
Claro que hablaba de EE.UU. dónde hay vivos debates sobre el estado de la economía y dónde nadie cree que está en una situación de gran solidez ni que sus bancos sean los mejores ni que las ayudas sociales no vayan resentirse por la crisis. O sea que son del tipo pesimista que describía hoy el antiguo Gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo cuando decía que es una buena medida pero que también habrá quienes se preguntarán el porqué el Gobierno ha tenido que subir la cuantía del aseguramiento de los depósitos bancarios. Los optimistas sabemos, sin embargo que todo volverá a la normalidad.
Los Ayuntamientos españoles llevan en sí el germen sonoro de la corrupción. ¿Porqué una afirmación rotunda y grave? Porque cuando se pierde el respeto por tus ciudadanos en algún aspecto, es más fácil comenzar a perderlo en otros y en el aspecto sonoro los Ayuntamientos no tienen solución.
Ya es grave dar por hecho que forma parte de sus obligaciones fomentar y financiar el simple entretenimiento; me refiero, claro está, a un mundo imperfecto en el que las necesidades perentorias son muchas incluso en los municipios de grandes presupuestos y en los que los festejos de todo tipo tienen costes nada pequeños. Si además esas fiestas impulsadas y financiadas por los ediles rumbosos violan las propias normas municipales y son una enorme molestia para muchos el resultado es inaceptable.
Cuando a más de un kilómetro de distancia del recinto de fiesta se puede oir nítidamente letras y músicas a la una de la noche víspera de laborable, lo que contraviene ordenanzas contra el ruido, y la única justificación es que lo ha programado el Ayuntamiento algo importante falla.
Y aunque es irrelevante, no es cierto que guste a una mayoría. La mayoría prefiere y está intentando dormir o leer a Chirbes o la prensa gratuita de la mañana o escuchar algo mejor o ver algo que le distraiga. Muchas cosas antes que sucumbir al ruido municipal.
Y no hablamos de los cohetes, cohetitos y cohetazos que de tan habituales parecen legales y obligatorios.
La fe en la posibilidad de enriquecimiento mediante el spam va a menos, muy a menos. En seis meses nuestro anti-spam Akismet había detenido y borrado más de 12.000 comentarios spam que dan una media de casi 70 diarios. Algunos días lo más tedioso de administrar el blog era revisar los comentarios listos para borrar, para no eliminar con ellos alguno de los comentarios valiosos que, muy de vez en cuando, se atreven a escribir los lectores, o los robots que imitan a los lectores, que de todo hay. (more…)
Los pacifistas queremos que nos defiendan eficaces soldados profesionales, que sepan también hacer puentes para cruzar rios mesopotámicos, repartir comida liofilizada con más garbo que los camareros de Ferrán y dar ropa de abrigo con más diligencia que las vendedoras de Zara. Si queremos ser justos tendremos además que empezar a tomarles cariño.
Ya sé que los pacifistas no apreciamos el monopolio de la violencia, pero es que donde no hay monopolio, se da la violencia en régimen de repulsivo y libre autoservicio.